Voto voluntario, escepticismo y débil participación

M. V. BUENOS AIRES.

El voto voluntario, que rige en las citas electorales de Chile desde 2012, «agravó la creciente abstención que venía viviendo el país», explicó a este periódico la analista política Claudia Heiss.

Sin embargo, la experta consideró «reduccionista» culpar solo a esa norma por la escasa participación. «La reforma de 2012 se produjo precisamente porque el padrón estaba congelado», recordó. Heiss explicó que a comienzos de la transición democrática, el 90% de los chilenos se inscribió para votar. Una vez recogidos en el censo, el sufragio era obligatorio. Desde entonces, «los jóvenes, al cumplir 18 años no se inscribían para no ser forzados a votar», advirtió la experta.

Por eso se creyó que el voto voluntario los iba a atraer a las urnas, pero la participación en cambio «ha venido cayendo de manera dramática y sostenida», reconoció. Heiss atribuyó esa apatía a «una crisis generalizada de las democracias representativas» en todo el mundo, pero también a que, a nivel local, «la gente percibe que no bastan las mayorías electorales para producir cambios sustantivos», un hecho que desalentaría la participación.

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