Orban logra su tercer mandato consecutivo en Hungría

Viktor Orban celebra la victoria. / Foto: Bernadett Szabo (Reuters) | Vídeo: Atlas

El dirigente multiplicó los pulsos con la Unión Europea, en particular sobre la cuestión de la inmigración

COLPISA / AFP

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, icono de las derechas populistas europeas, ha logrado su tercer mandato consecutivo. Orban ha reivindicado una «victoria histórica» tras conseguir una cómoda mayoría en el Parlamento frente a una oposición fragmentada. El partido Fidesz de Orban ha recabado el 48,9% de los votos tras el recuento de más del 95% de las papeletas de voto, según la Oficina Nacional Electoral, un resultado cuatro puntos superior al de hace cuatro años, y que debería permitirle a Orban obtener de nuevo una mayoría de dos tercios en el Parlamento, como en 2010 y 2014.

La movilización de los electores rozó récords y algunos colegios electorales permanecieron abiertos hasta tres horas después de lo previsto. «Es una victoria histórica que nos ofrece la posibilidad de continuar defendiéndonos y de defender Hungría», declaró el dirigente de 54 años ante una multitud de simpatizantes reunidos a orillas del Danubio y vestidos de naranja, el color de su partido. «Viktor es el único líder posible para Hungría. Este resultado prueba que la nación lo apoya. No hay nadie como él en este país», declaró Eva Halasz, una electora de 53 años.

El resultado supone un avance del Fidesz y de sus aliados cristiano-demócratas, que en las últimas elecciones legislativas, hace cuatro años, obtuvieron 45% de los votos. La votación estuvo marcada por un alza de participación de siete puntos, hasta el 68,80%, lo que había alimentado la esperanza de la oposición de poner en dificultades al dirigente. Muchos centros de votación permanecieron abiertos varias horas más del cierre previsto, a las 19.00, ante las largas filas de electores. El resultado oficial definitivo se conocerá a mediados de semana, cuando se tengan en cuenta los miles de sufragios de los votantes en el exterior.

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Admirado por las derechas populistas europeas, criticado por quienes lo acusan de deriva autoritaria, el primer ministro húngaro había expresado su deseo de hacer «irreversibles» las transformaciones que impulsó desde su retorno al poder en 2010, tras un primer mandato de 1998 a 2002. Admirador confeso del presidente ruso, Vladimir Putin, y paladín de la «democracia iliberal» -como se ha dado en llamar en los últimos años a esta mezcla de culto al hombre, exaltación nacionalista y limitación de ciertas libertades en nombre del interés nacional-, Orban ejerce desde hace ocho años un estilo de gobierno con creciente control sobre la economía, los medios y la justicia.

Durante la campaña, no dejó de agitar el temor de una posible derrota de su bancada, lo que en su opinión equivaldría a un caos migratorio y a una victoria de los «enemigos» que «quieren desposeer» a los húngaros de su país. La izquierda y el partido de extrema derecha Jobbik había apostado por el hartazgo de una parte de los electores ante las diatribas de Orban.

La oposición hizo campaña denunciando el clientelismo, la decadencia de los servicios públicos y un poder adquisitivo insuficiente que, pese a la baja tasa de desempleo (3,8%), llevó a numerosos húngaros a emigrar del país, miembro de la UE desde 2004. Pero el Jobbik, que ha ido suavizando su discurso, no logró mejorar sus resultados de hace cuatro años, y apenas ha logrado el 20% de los sufragios. Su líder, Gabor Vona, que no consiguió imponerse en su circunscripción, denunció el domingo por la noche las «mentiras» y los «perpetuos ataques» contra su partido, y anunció que presentará su dimisión al frente de la formación. La lista de izquierda MSZP-P obtenía 12,13% y la formación ecologista LMP, un 6,69%.

La oposición y muchos observadores internacionales denunciaron que las reformas llevadas a cabo por Orban menoscabaron el Estado de derecho y supusieron un retroceso de los valores democráticos. El dirigente húngaro también multiplicó los pulsos con la Unión Europea, en particular sobre la cuestión de la inmigración. La UE abrió asimismo procedimientos de infracción contra el gobierno de Budapest debido a las leyes que refuerzan el control del poder sobre las organizaciones de la sociedad civil. A pesar de su oposición a una mayor integración de la UE, Orban nunca amenazó con abandonar el bloque comunitario. Su país es uno de los principales beneficiarios de los fondos europeos.

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