Trump se queda sin su fantasma migratorio

Migrantes centroamericanos protestan a su paso por la población de Nicolás Romero, en el Estado mexicano de Oaxaca.. :: Luis Villalobos / efe/
Migrantes centroamericanos protestan a su paso por la población de Nicolás Romero, en el Estado mexicano de Oaxaca.. :: Luis Villalobos / efe

El presidente todavía se empeña en enviar a la Guardia Nacional aunque la caravana de migrantes no rebasará la frontera con México

MERCEDES GALLEGO

nueva york. La crispación de Donald Trump contra la caravana de inmigrantes centroamericanos que se dirige a Estados Unidos siguió estallando ayer en Twitter como un transmisor eléctrico bajo la lluvia, hasta que la secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, apagó el chisporroteo por la misma vía. «El Gobierno de México me ha informado de que la caravana se está disipando», tuiteó.

A esas alturas el presidente ya había anunciado que mandaría al Ejército para frenar la «invasión» de unos mil inmigrantes, «malos hombres» que vienen a cometer crímenes, dice en los mítines. El Pentágono fue el primer sorprendido. Al principio mantuvo silencio mientras evaluaba la respuesta, pero ayer recordó en un comunicado que ya coopera con el Departamento de Seguridad Nacional en la frontera mediante el envío de drones de vigilancia, jets para la lucha contra el narcotráfico e ingenieros militares que reparan los tramos de muros y verjas existentes.

A eso solo podría añadir el envío de la Guardia Nacional a petición de los gobernadores, como hicieron George Bush y Barack Obama, que en su día destacaron temporalmente a 6.000 y 1.200 efectivos para momentos de crisis. Su labor no pasó de ser disuasoria. Eran meros observadores que informaban a las patrullas fronterizas, ya que la ley estadounidense prohíbe a los militares desarrollar funciones policiales dentro de sus fronteras.

Explota el sentimiento xenófobo aunque las entradas irregulares se reducen a cifras de 1971

No está claro que a Trump le importen los detalles. Desde que el Congreso, de mayoría republicana, aprobó los presupuestos de este año sin financiar el muro que ha prometido construir, explota casi a diario los sentimientos antiinmigrantes. Si las bases quieren carnaza, se la dará. El coro de tertulianos en Fox repica el mensaje de pánico e indignación sin mencionar que detrás del éxodo centroamericano están las políticas estadounidenses, que han apoyado en Honduras golpes de Estado y elecciones corruptas, y desbocado el poder de las bandas al empujar hacia El Salvador, Guatemala y Honduras el narcotráfico colombiano. De hecho, el 80% de la caravana con la que asusta al país es hondureño.

Con todo, las cifras están cayendo. En 2016 las patrullas fronterizas detuvieron a 16.067 menores que viajaban solos, en comparación a los casi 40.000 de 2015 y 68.500 en 2014, la mayoría centroamericanos. Sus vecinos mexicanos prefieren quedarse donde están. De hecho, el número de personas que cruza la frontera sur ha caído en la última década a los niveles más bajos desde 1971.

Discurso populista

Convertidos en cabeza de turco de todos los males que sufre la depauperada clase media, el linchamiento público de los inmigrantes fue eje del discurso populista con el que Trump ganó las elecciones. Tan central que no puede permitir que se quede en la cuneta si quiere ser reelegido para otros cuatro años.

Sus políticas antiinmigrantes también se han colado en las elecciones mexicanas, que se celebran en julio. El presidente, Enrique Peña Nieto, parece haber cedido a la presión, porque, aunque Trump se atribuya el mérito de haber frenado la invasión, es la presencia de las autoridades migratorias mexicanas en el campamento de Oaxaca donde habían hecho parada la que ha disipado la concentración del 'Viacrucis Migrante'.

Algunos dicen que utilizarán los treinta días que les han dado para llegar a la frontera de EE UU. Otros, para pedir asilo en México. Pero en cualquier caso tendrán que seguir camino por su cuenta. La organización Pueblos sin Fronteras ha decidido terminar el recorrido en la Ciudad de México. No porque lo diga Trump o Peña Nieto, sino porque «viajan demasiados niños, 450, hay muchos bebés, y encaramarnos con ellos al tren (conocido como la Bestia) sería una locura», dijo Irineo Mújica a la agencia AFP.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos