Trump pone condiciones a Kim Jong-un

Un militar surcoreano mira en la pantalla de televisión la noticia del histórico encuentro entre Trump y Kim Jong-un. :: jung yeon-je / afp/
Un militar surcoreano mira en la pantalla de televisión la noticia del histórico encuentro entre Trump y Kim Jong-un. :: jung yeon-je / afp

El presidente de EE UU exige ver antes de la reunión medidas concretas del régimen de Pyongyang hacia la desnuclearización

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

El presidente está «de muy buen humor», confirmó ayer la portavoz de la Casa Blanca Sarah Huckabee. La prensa ya no le preguntaba por la actriz porno que lo ha demandado, sino por algo que no ha hecho nunca ningún otro presidente del mundo: reunirse con el dictador norcoreano Kim Jong-un, al que dice haberle arrancado la promesa de abandonar su programa nuclear. Para el amante de lo absoluto eso es un gran incentivo.

Falta ver si el encuentro, para el que no hay fecha ni lugar, se materializa. Huckabee lo puso ayer más difícil al destacar que la promesa que ha hecho Corea del Norte de abandonar su carrera nuclear «demuestra que está en una posición débil». Según la portavoz, Trump quiere ver medidas concretas antes de ese histórico encuentro que la Casa Blanca todavía no considera negociaciones, «solo ha aceptado hablar».

A Trump sus bases le votaron para ser un presidente distinto y sin duda ha cumplido esas expectativas. En su día George W. Bush calificó de «peligrosa» la «ingenuidad» de reunirse con el dictador norcoreano. Barack Obama tampoco quiso regalarle esa foto a un presidente aislado que nunca ha sido recibido por ningún otro mandatario del mundo. «No reunirse con él ya es un castigo», observó. Y Hillary Clinton, que aspiraba a sucederle, pensaba que un encuentro a ese nivel «empeoraría las cosas». Entonces llegó Trump, tan impulsivo que aceptó la propuesta sobre la marcha tan pronto como se la transmitió el enviado del Gobierno surcoreano Chung Eui-yong, que ha participado en las conversaciones con Pyongyang.

El propio secretario de Estado, Rex Tillerson, acababa de decir que hacía falta ser realista, «estamos a mucha distancia de que haya negociaciones», observó, «y no lo sabremos hasta que nos sentemos cara a cara con los representantes de Corea del Norte». Trump ni siquiera le consultó, «tomó la decisión por sí mismo», confirmó Tillerson ayer.

En la sala del Despacho Oval le acompañaba en ese momento, por pura casualidad, su general favorito, el secretario de Defensa James Mattis. La Casa Blanca considera que décadas de conversaciones a bajo nivel demuestran que sólo el líder coreano está en disposición de tomar las decisiones que busca la comunidad internacional. Trump se considera «el mejor negociador del mundo», declaró ayer su portavoz.

Posibles escenarios

Charles sugería que el encuentro, al que inicialmente se le ha dado un plazo de dos meses, se produzca en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Otro viejo colaborador de los presidentes republicanos, el exembajador en la ONU John Bolton, sugería la sede de la ONU en Ginebra, «cuanto antes, mejor, en marzo». El hombre cuyo nombre se baraja como próximo sustituto del general H. R. McMaster en el cargo de asesor de Seguridad Nacional teme que Pyonyang sólo esté tratando de ganar reconocimiento en la escena global y tiempo para terminar de desarrollar un misil nuclear con capacidad para alcanzar el territorio estadounidense. Para eso necesita entre uno y dos años más, coinciden los expertos.

Corea del Norte no ha puesto condiciones e incluso ha aceptado que el encuentro que situará a su líder de 34 años al mismo nivel que al presidente estadounidense se produzca pese a las maniobras militares planeadas para abril. De hecho, se cree que esos ejercicios, en los que participarán 28.500 soldados norteamericanos, son los que habrían convencido a Kim Johng-un de ceder sus aspiraciones nucleares. Aunque se realizan rutinariamente dos veces al año, su temor es que esta vez constituyan un ensayo general para una invasión inminente. El líder norcoreano ha prometido que no realizará pruebas nucleares durante las maniobras, pero aún no ha hecho la concesión que más reclaman las bases de Trump: liberar a los tres ciudadanos estadounidenses que tiene detenidos en sus cárceles. Todo se andará, ha venido a decir la Casa Blanca, al recordar que el presidente todavía no se ha comprometido a nada más que a hablar.

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