Trump limpia su agenda para ir a la guerra

Los marinos revisan los cazabombarderos F-18 en la cubierta de vuelo del portaaviones 'Theodore Roosevelt'. :: TED ALJIBE / afp/
Los marinos revisan los cazabombarderos F-18 en la cubierta de vuelo del portaaviones 'Theodore Roosevelt'. :: TED ALJIBE / afp

El presidente de Estados Unidos cancela su viaje a Latinoamérica para «supervisar la respuesta a Siria»

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Donald Trump no está de humor para latinoamericanos. Gobernar a su antojo un país como Estados Unidos se está demostrando más difícil de lo que pensaba y ahora está furioso, arrebatado por la ira de lo que considera «una caza de brujas». Más dispuesto para la guerra que para aguantar sermones sobre su muro y sus políticas migratorias. Con la excusa de que tendrá que «supervisar la respuesta norteamericana a Siria» y «vigilar los acontecimientos alrededor del mundo», la Casa Blanca anunció ayer la cancelación de su primer viaje a Latinoamérica, que tenía como propósito asistir este fin de semana a la VIII Cumbre de las Américas, en Lima, y recalar después en Colombia. Para muchos esto es una clara señal de que se avecina un ataque militar, pero, como dijo la víspera el jefe del Pentágono, James Mattis, «todo es posible».

La embajadora ante la ONU, Nikki Haley, trasladó el lunes al Consejo de Seguridad la furia de Trump contra «el monstruo» de El-Asad al conminar al mundo a «hacer justicia», pero advirtió de que «en cualquier caso Estados Unidos responderá». Sin necesidad de leer entre líneas, sonaba a que la decisión que Donald Trump había prometido anunciar entre 24 y 48 horas más tarde está tomada. Y lo único que falta por decidir es quién se unirá a su respuesta.

A los postres

En el pasado, el mandatario no ha necesitado estar en la 'Situation Room' (sala de crisis) de la Casa Blanca para supervisar un ataque a Siria. En abril de 2017 se fue tranquilamente a su club de Mar-a-Lago, donde cenaba con el presidente chino, Xi Jinping, cuando le anunció, en el postre, que seis minutos antes de que llegase los Tomahawks americanos habían empezado a explotar en la base siria de Shayrat. De ahí habrían partido dos días antes los aviones para perpetrar un ataque químico en Jan Seijún, cerca de Homs. «Nos estábamos comiendo el trozo de pastel de chocolate más hermoso que hayas visto jamás», contó Trump en la cadena Fox, «y el presidente Xi lo estaba disfrutando».

No se sabe a quién se le atragantará el postre esta vez, pero la Casa Blanca dice tener «cada vez más claro» quién está detrás del último ataque químico del sábado en Duma, a las afueras de Damasco, que habría dejado 46 muertos y más de 500 afectados, la mayoría mujeres y niños. Un par de encuentros 'off the record' con la prensa programados para los próximos días hacen pensar que el Gobierno de Trump explicará ahí sus hipótesis en preparación para lo que se cree un ataque inminente.

Por una vez la reacción de Rusia no parece importar «porque tiene las manos manchadas con la sangre de niños sirios y no se la puede avergonzar mostrándole las fotos de sus víctimas, eso ya lo hemos intentado», dijo Haley al Consejo de Seguridad de la ONU, que anoche votó la resolución que ella misma presentó.

Paradójicamente, hace solo una semana Trump anunció que la presencia de EE UU en Siria «se acabará rápidamente». Daba así por terminada la misión de los 2.000 hombres que han contribuido a debilitar al Estado Islámico, dejando en el poder al hombre que Haley llama monstruo. «Deja que se ocupen otros», dijo Trump. Sus asesores, entre los que se estrenó el lunes John Bolton, ideólogo de los ataques preventivos y de la guerra de Irak, celebraron la nueva flama del presidente, convencidos de que sin presencia estadounidense el Estado Islámico volverá a repuntar.

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