Trump explota el miedo al control de las armas

Trump, durante su intervención en la convención de la Asociación del Rifle, en Dallas. :: lucas jackson / afp/
Trump, durante su intervención en la convención de la Asociación del Rifle, en Dallas. :: lucas jackson / afp

El presidente dice en la reunión de la Asociación del Rifle que los demócratas «las ilegalizarán» si ganan las legislativas

MERCEDES GALLEGO

nueva york. Un arma, un voto. Así lo ve Donald Trump, que ayer aprovechó el estrado de la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) para espolear a las bases de cara a las legislativas de noviembre. El mago de los 'ratings' no dudó en explotar el miedo a perder sus armas que obsesiona a los miembros del colectivo, al sugerir que si los demócratas ganan dentro de seis meses las ilegalizarán, «pero eso nunca ocurrirá mientras yo sea presidente», prometió.

Su puesto no figurará en las papeletas en esta ocasión, aunque realmente se lo juega en estas elecciones legislativas porque la única garantía de que no lo perderá en un proceso de 'impeachment' es que su partido mantenga el control de las cámaras legislativas. Algo vital en un momento en que el escándalo de su relación con la actriz porno Stormy Daniels lo mantiene cercado. Ayer, antes de volar a la convención de los amigos de las armas en Dallas, Trump intentó controlar los daños causados por las declaraciones de uno de sus abogados, Rudolph Giuliani, y sus propios mensajes en Twitter sobre el pago de 130.000 dólares (108.000 euros) a esta mujer para comprar su silencio. Giuliani, dijo, aún «tiene que entender bien los hechos».

El presidente se ha lanzado a la arena a seis meses de las legislativas, decidido a movilizar a las bases de los Estados industriales, las iglesias evangélicas y la América rural, y la convención de la NRA le ofrecía una tribuna privilegiada. Por su parte, el movimiento estudiantil surgido de la masacre del 14 de febrero en el instituto de Parkland, en Florida, ha prometido cobrarse en las urnas la oposición de los políticos a una reforma mínima de las leyes sobre posesión de armas que, sostienen, podría haber evitado la muerte de sus 17 compañeros y profesores.

LA CLAVEAntes de volar a Dallas, intentó controlar el daño causado por las palabras de su abogado

Ambos grupos se enfrentaron ayer en la ciudad texana fuera del centro de convenciones. Un cartel luminoso acusaba al gran 'lobby' armamentístico de facilitar el trabajo a los terroristas domésticos. La llamada Brigada de la Luz del Norte de Texas ha defendido en el pasado a los refugiados sirios y se precia de encontrar fórmulas creativas para impulsar causas de justicia social, derechos humanos y sostenibilidad. Esta vez pretendía llamar la atención sobre la irracionalidad de quienes rechazan a los demandantes de refugio por miedo al terrorismo, cuando desde el 11-S los atentado en EE UU han sido perpetrados por sus propios residentes.

Trump no estaba allí para citar a Voltaire sino para explotar las bajas pasiones de los cinco millones de miembros de la Asociación del Rifle. El mandatario mintió al decir que el 98% de los tiroteos ocurren en zonas donde las armas están prohibidas y recurrió a la teoría de que, de haber habido «patriotas» armados en los colegios, el autor «se habría largado o le habrían pegado un tiro». Y a continuación trató de demostrar «la eternidad» de tiempo del que habría dispuesto cualquiera de los presentes para impedir una masacre.

«Boom», pausa. «Boom», pausa. «Boom», pausa. Fingía apuntar con una pistola pero las grandes masacres se han producido con rifles automáticos de estilo militar capaces de disparar al menos 45 balas por minuto. En particular, del siniestro modelo AR-15 que se hizo tristemente célebre ya en la masacre de la escuela Sandy Hook de Connecticut en 2012.

Para Trump el problema de los atacantes armados es su equilibrio mental, pero en lugar de vetar la venta de armas a quienes acumulen un expediente de desequilibrios, bromeó con «ilegalizar todos los camiones y furgonetas» con los que entiende que seguirían cometiendo masacres si no dispusieran de armas. «O mira en Londres, donde no tenían armas sino cuchillos y había tanta sangre en el suelo como en un hospital de guerra». Entre atropellos y ataques con cuchillos, los terroristas de junio de 2017 en la capital británica causaron ocho muertes, en comparación a las 58 de Stephen Paddock en Las Vegas el pasado octubre.

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