Trump explota el ataque para hacer política

La diseñadora y empresaria Caroline Ventura ofrece su homenaje a las víctimas del atentado . :: Shannon Stapleton / reuters/
La diseñadora y empresaria Caroline Ventura ofrece su homenaje a las víctimas del atentado . :: Shannon Stapleton / reuters

El presidente de EE UU quiere enviar a Guantánamo al terrorista que mató a ocho personas el martes en Manhattan

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Todos los canallas tienen suerte. A Sayfulló Saípov le tocó la lotería hace siete años, esa por la que el Departamento de Estado rifa anualmente 50.000 permisos de residencia permanente llamados Tarjeta Verde. El año pasado 19 millones de personas aspiraron a ella con la esperanza de ganarse una oportunidad de futuro en EE UU, pero el sueño americano de Saípov se convirtió en pesadilla para los familiares de las ocho personas a las que el martes mató con una camioneta ranchera -cinco argentinos, una belga y dos estadounidenses-. De los once heridos, nueve seguían ayer en el hospital. A uno han tenido que amputarle las dos piernas.

«Ya no se sabe por dónde te va a venir, vamos a tener que andar con mucho ojo», reflexionaba con preocupación en el Bajo Manhattan Susana Hernández, una mexicana que no pudo solicitar la lotería de la visa porque los países que más emigrantes tienen en EE UU están vetados. Donald Trump pretende vetarlos a todos y, de camino, asestar un golpe al líder de la oposición demócrata, al que culpa injustamente del programa Diversity Lottery Visa, establecido en 1990 con apoyo bipartidista.

En contra de lo que parece pensar el mandatario, los ganadores de ese sorteo pensado para favorecer a irlandeses e italianos tienen que someterse a entrevistas y estrictas investigaciones. «No queremos loterías que gane la gente equivocada. ¿Quiénes son estos cabrones, que encima se traen a toda la familia? Voy a acabar con esta cadena migratoria lo más rápido posible y vamos a pasar a un sistema de méritos», anunció ayer el mandatario.

El atentado le había proporcionado la oportunidad de cambiar de tema, precisamente en un momento en que todas las mirada estaban centradas en los primeros cargos que ha presentado el fiscal especial Bob Mueller contra miembros de su equipo de campaña para la presidencia. A su estilo, aprovechó la indignación en una serie de tuits para arremeter contra los inmigrantes y «politizar la tragedia», le acusó el gobernador de Nueva York, Mario Cuomo. «Al dividirnos les hace el juego a los terroristas, en un momento en el que debería estar liderando la unidad del país para hacernos fuertes», añadió con sentida compostura. «Hay que ver el contraste que representa con la reacción del presidente George W. Bush tras el 11-S», recordó el senador Chuck Schumer, que como líder de la oposición en el Senado es objeto frecuente de los ataques presidenciales.

Pocos demócratas pensaron que iban a echar de menos al mandatario que les convenció con mentiras de invadir Irak, pero Trump baja el listón cada día. El primer gran atentado terrorista que ocurre bajo su mandato ha demostrado que para él no hay nada sagrado. El presidente nunca desperdicia la oportunidad de conectar con las bajas pasiones de su pueblo, herido ayer por el brutal atentado de la noche de Halloween y sediento de venganza. Trump prometió mano dura y «justicia rápida» para este «animal» al que contempla «enviar a Guantánamo», porque en EE UU «se va a pasar años en los tribunales y al final quién sabe lo que ocurrirá», arengó. «Necesitamos una justicia más rápida, más dura y políticamente menos correcta. Lo que tenemos ahora es una broma, un hazmerreír. Así se entiende que pasen estas cosas. Y creo que puedo hablar por muchos otros países que están en la misma situación».

Un lobo solitario

El presidente cuyos vetos migratorios se han quedado varados en los tribunales por discriminatorios dijo en Twitter que ha dado instrucciones al Departamento de Seguridad Doméstica para que apriete las tuercas del sistema de 'Escrutinio Extremo'. Ninguna de sus órdenes ejecutivas hubieran impedido que Saípov entrase el país, porque Uzbekistán no está en la lista de los países musulmanes señalados por Trump. Como tampoco está Arabia Saudí, donde nacieron 15 de los 19 secuestradores del 11-S, o Chechenia, de donde eran los hermanos Tsarnáev que pusieron dos bombas en el maratón de Boston, o Afganistán, de donde vino de pequeño Omar Matin, autor de la matanza del club gay Pulse.

En todos estos casos y en la mayoría de los 23 incidentes inspirados por el fundamentalismo islámico desde el 11-S, según la cuenta de la Government Accountability Office, los autores respondían al perfil del lobo solitario. A juzgar por la banderita del Estado Islámico (EI) y la nota en árabe que la Policía encontró dentro de la furgoneta, Saípov encomendó su crimen a la organización de Al-Bagdadi, que lo celebró en las redes sociales, pero no se conoce que hubiera tenido ningún contacto con ella.

El comisionado adjunto de la Policía de Nueva York asegura que Saípov siguió al pie de la letra las instrucciones del EI en las redes sociales y llevaba «semanas» preparando la masacre. El joven, de 29 años, casado y con tres hijos, recibió un disparo en la cadera del que fue operado poco después. Los investigadores buscan las pistas para entender el proceso de radicalización que, dicen, sufrió viviendo ya en EE UU, lo que complica más encontrar una fórmula para prevenir futuros ataques como el suyo.

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