Trump se enfada con China porque se niega a presionar a Kim Jong-un

Xi Jinping y Donald Trump se estrechan las manos durante la visita del presidente chino a la mansión de Mar-a-Lago. :: JIM WATSON / afp
Xi Jinping y Donald Trump se estrechan las manos durante la visita del presidente chino a la mansión de Mar-a-Lago. :: JIM WATSON / afp

Sus asesores proponen castigar al gigante asiático con una investigación por violar la propiedad intelectual de compañías estadounidenses

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Sorpresa, sorpresa, China no presiona a Corea del Norte como EE UU quisiera. Cualquier experto en política exterior podía haberle dicho que la apuesta de que el gigante amarillo sacara músculo con Pyonyang para que abandonase su programa nuclear estaba destinada al fracaso, pero Donald Trump creyó que con su carisma y el lujo de Mar-a-Lago podría triunfar donde tantos otros presidentes han fracasado. Ahora que la realidad se impone, está cabreado. O como él lo pone, «muy decepcionado con China», según tuiteó la semana pasada. «Los tontos de líderes que hemos tenido en el pasado le han permitido ganar miles de millones al año en comercio pero no hacen nada por nosotros con Corea del Norte, solo hablar. No vamos a permitir que esto continúe», bramó.

La amenaza se materializa entre los bastidores de la Casa Blanca. Sus asesores Steve Bannon y Peter Navarro han identificado una oscura cláusula de la ley de comercio de 1974 que le permitiría iniciar una investigación contra China por violar la propiedad intelectual de compañías norteamericanas. Como miembro de la Organización Mundial de Comercio, Estados Unidos debería trasladar esa queja a su seno, pero este gobierno nacionalista prefiere ir por libre.

Hace apenas mes y medio Trump agradeció a Xi Jimping, también por Twitter, sus esfuerzos para persuadir al régimen de Pyongyang. «No han funcionado ¡pero al menos sé que China lo ha intentado!». El errático mandatario se ha enfrentado desde entonces a datos comerciales que revelan que el comercial entre China y Corea del Norte no solo no ha decrecido, sino que ha aumentado un 37.4% durante el primer trimestre de este año.

Programa nuclear

Por su parte, Kim Jong-un ha acelerado su programa nuclear con misiles de largo alcance cuyas pruebas han puesto muy nerviosos a los legisladores estadounidenses. La del viernes era con un misil que según los expertos podría alcanzar ciudades estadounidenses como Denver o Chicago, mucho más allá de la costa oeste, que es hasta donde ahora se pensaba que podían llegar. «¡Todo el territorio continental de EE UU está ahora a nuestro alcance!», clamó el joven dictador.

El senador Lindsey Graham opina que una acción militar contra Corea del Norte es «inevitable», porque este país obliga al presidente a elegir entre eso y la seguridad de EE UU. La embajadora en la ONU, Nikki Haleym ha secundado el redoble de tambores advirtiendo de que «se ha acabado el tiempo de hablar». Frente al multilateralismo de la era Obama, Haley adelanta que Washington no buscará aprobación del Consejo de Seguridad antes de emprender una acción militar.

Si la perspectiva de que la Casa Blanca inicie un conflicto frente a las costas chinas no pone nervioso a Xi Jinping, en vísperas del 19 Congreso del Partido Comunista, la amenaza de perder la tarta norteamericana de su pastel comercial pondrá en jaque su presunta consolidación de poder. Estados Unidos supone el 4% de su comercio y genera un buen número de empleos.

Como represalia podría dificultar las inversiones de EE UU en China, lo que también tendría un repercusión en sus planes de ser el mayor productor del mundo para el 2025 en diez grandes áreas industriales. Sus armas de presión serían entonces las grandes empresas estadounidenses como Apple, Microsoft o Amzon, que cuentan con mano de obra china para poner ante los consumidores estadounidenses sus productos .

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