Trump, deslumbrado por los metales de Afganistán

Un marine estadounidense charla con dos soldados afganos en Helmand. :: omar sobhani / reuters/
Un marine estadounidense charla con dos soldados afganos en Helmand. :: omar sobhani / reuters

El presidente sondea la posibilidad de explotar los minerales del país asiático, idea descartada por Obama ante la falta de infraestructuras

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Van 16 años de guerra en Afganistán y las perspectivas de ponerle fin son, cuando menos, tibias. Eso no tiene nada contento al comandante en jefe Trump, que se ha revuelto contra el general al mando acusándole de «no ir ganando». Lo último que tolera el 'jefe' a su lado es un perdedor, que es lo peor que se le ocurrió llamar a los terroristas Estado Islámico que perpetraron el terrible atentado de Mánchester, tras el concierto de Ariana Grande. Quiere el relevo del general John Nicholson, según la cadena NBC, pero los generales se resisten y buscan fórmulas para tentarle a enviar más tropas a un país que causa desidia entre los estadounidenses.

Así es como ha vuelto a sonar en la Casa Blanca la cifra del billón de dólares en metales enterrados entre las rocas de Afganistán. Según 'The New York Times', el presidente ya lo ha hablado con su homólogo afgano Ashraf Ghani y con el multimillonario Stephen Feinberg, propietario de la empresa de contratas militares DynCorp que le asesora informalmente. Este vellocino de oro ha eludido a los presidentes que le han precedido por la dificultad de su extracción en zonas controladas por los talibanes. Afganistán es un país sin infraestructura con una corrupción rampante. El grupo de trabajo que formó Obama presuntamente para ayudar al país a salir de las cavernas determinó que, sin seguridad, ni carreteras, trenes o puertos, es una quimera.

La situación no ha cambiado ocho años después, pero sí el mandatario y los generales que le asesoran. En enero le arrancaron la autorización para enviar 4.000 hombres más, que no han partido porque el general James Mattis quiere vencer las reticencias del comandante en jefe y su asesor de confianza, Steve Bannon. Se desconoce cuál es la postura del nuevo jefe de gabinete de la Casa Blanca, el general John Kelly, pero se sabe que para él Afganistán es algo personal. Su primogénito de 29 años murió allí al estallar una bomba casera. Su otro varón también sirve en los marines.

Para Trump es cuestión de ganar y quedar bien con sus seguidores. En la reunión que su equipo de seguridad mantuvo el 19 de julio preguntó cuánto valían los minerales descubiertos en Afganistán y bramó contra el general Nicholson pidiendo su cabeza. Con su ligereza habitual comparó sus consejos a los que recibió de un asesor uno de sus restaurantes favoritos de alto standing en Manhattan tras un año con el negocio cerrado: «Amplía la cocina», les contó. «Algo que les podía haber dicho cualquier camarero».

Al estilo Trump, la anécdota es pura exageración. El Club 21 sólo estuvo cerrado dos meses en los años ochenta, tiempo en el que acometió una extensa renovación de todas las instalaciones. El general Mattis y su jefe del estado mayor, general Joseph Dunford, defendieron ardientemente a Nicholson, «uno de los comandantes más capaces que conozco», dijo el segundo en entrevista televisiva. Trump se marchó de la reunión sin tomar ninguna decisión sobre los planes que le presentaron. De vuelta al Pentágono sus colaboradores encontraron a Mattis «visiblemente alterado». El paseo que da cuando tiene que sopesar problemas fue ese día más largo de lo habitual.

Trump dijo abiertamente durante la campaña que EE UU debería haberse quedado con el petróleo de Irak para pagar los costos de esa guerra. Durante la reunión dejó claro su malestar con que China esté explotando el cobre a las afueras Kabul, gracias a unos derechos adquiridos hace una década. Hierro y litio son otros de los minerales codiciados por la industria que el Gobierno de Bush detectó allí, pero los expertos advierten que en las condiciones actuales su valor es cero.

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