Trump contraataca contra la «caza de brujas»

Trump recibió ayer en el Despacho Oval de la Casa Blanca al desertor norcoreano Ji Seong-ho. :: A. CABALLERO-REYNOLDS / afp
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Trump recibió ayer en el Despacho Oval de la Casa Blanca al desertor norcoreano Ji Seong-ho. :: A. CABALLERO-REYNOLDS / afp

Publica un informe de Inteligencia sobre la trama rusa que desacredita la investigación del FBI, del Departamento de Justicia y del fiscal

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

A medida que se cierra el cerco de la investigación sobre la trama rusa, se afilan más las espadas. El contragolpe de Donald Trump ha sido hacer público un documento con información altamente clasificada que ha redactado la oficina del congresista Devin Nunes, su hombre de confianza en el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, que ha realizado su particular investigación. La Casa Blanca considera que es de interés público, pero no tiene más objetivo que darle cuerpo a su acusación de que todo es «una caza de brujas». En él desacredita al FBI, al Departamento de Justicia y, por asociación, al fiscal especial que le investiga, Robert Mueller.

Se trata de una 'masacre del sábado por la noche' al estilo trumpiano, que reproduce en la batalla de la opinión pública lo que Nixon hizo en 1973, cuando, acosado por la investigación del Watergate, despidió al fiscal especial Archibald Cox. Eso provocó la dimisión del fiscal general Elliott Richardson y su adjunto William Ruckelshaus. Esta vez la carambola es al revés. La fiscal general en funciones Sally Yates y el director del FBI James Comey ya fueron despedidos. La presión provocó esta semana la dimisión del 'número dos' del FBI Andrew McCabe. Y el siguiente en la mira es el 'número dos' del Departamento de Justicia, Ros Rosemberg.

Todos ellos aparecen nombrados en las tres páginas y media del polémico documento con que se intenta fundamentar la «caza de brujas» que para Trump es la investigación de la trama rusa. Según ha revelado el documento, en contra de la opinión de Rosemberg y del director del FBI Christopher Wray, la investigación comenzó en julio de 2016, cuando los servicios de inteligencia australianos informaron a los estadounidenses de que entre copa y copa en un bar de Londres un asesor de la campaña de Trump había dicho tener «mucha mierda» sobre Hillary Clinton que estaba a punto de ver la luz. Wikileaks se encargó de distribuirla.

LAS CLAVES En el documento aparecen todos los funcionarios que el presidente cree que actuaron contra él La oficina federal de investigación mantiene que el contenido pone en riesgo la seguridad

Las palabras de George Papadopoulos, entonces asesor de política exterior de Trump, aunque ahora la Casa Blanca lo ponga a la altura del chico de los cafés, cayeron sobre mojado porque desde 2013 el FBI había investigado a otro asesor de la campaña de Trump, Carter Page, al que la inteligencia rusa había intentado reclutar. Para vigilar las comunicaciones de un ciudadano estadounidense el FBI necesitaba una orden especial de un tribunal altamente secreto llamado FISA, al que presentó, entre las pruebas, el polémico dossier ruso que elaboró Chritopher Steele, un exagente de los servicios secretos británicos M-16 que trabajaba también para el FBI y para una consultoría llamada Fusion GPS.

«Desesperado»

Lo que, según el equipo de Nunes, no dijo el FBI al tribunal es que Steele estaba «desesperado» por evitar la victoria de Trump. Su dossier, «lascivo y sin verificar», que originalmente había sido financiado por un republicano que retiró el apoyo económico cuando Trump se erigió en candidato del partido, siguió recibiendo financiación de la campaña de Hillary Clinton y del propio FBI, que lo despidió en octubre por filtrar información a la prensa

La orden del tribunal fue renovada cada noventa días con la firma de los altos cargos del FBI y del Departamento de Justicia: Comey, McCabe, Yates, su asistente para Seguridad Nacional Dana Boente y Rosenstein, que entonces era adjunto del fiscal general. Los cuatro primeros han sido despedidos o forzados a dimitir.

Rosenstein, el único superviviente de la purga, es también el jefe del fiscal especial Robert Mueller en la investigación de la trama rusa y, por tanto, el objetivo más claro del torpedo lanzado por Trump con la desclasificación de este informe que, según le han advertido altos cargos del Departamento de Justicia y del FBI, pone en riesgo la seguridad nacional y abre una nueva crisis de gobierno.

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