Trump agita Asia en la recta final de su larga gira

Donald Trump, Rodrigo Duterte y la esposa Honeylet Avancena, realizan un brindis durante la cena de gala de la Asean. :: A. P. / Reuters/
Donald Trump, Rodrigo Duterte y la esposa Honeylet Avancena, realizan un brindis durante la cena de gala de la Asean. :: A. P. / Reuters

Se ofrece de árbitro en el mar del Sur de China, provoca manifestaciones en Filipinas y vuelve a insultar a Kim Jong-un

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Se parecen tanto Donald Trump y el presidente de Filipinas que ayer la cadena BBC puso en apuros a los filipinos al preguntar si sabían atribuir correctamente a uno o a otro varias frases célebremente polémicas. Había de todo: perlas sexistas, racistas, y apología de la violencia. Muchos de los encuestados tenían tantas dudas que una de ellos incluso llegó a decir que ambos podían ser autores de una frase que denigraba a las mujeres. Al fin y al cabo, los dos mandatarios que se encontraron ayer en la recta final de la gira asiática de Trump comparten muchas cosas: apuestan por la violencia como solución política, ven a las mujeres como objetos y son tan directos como maleducados cuando hablan.

Así, no es de extrañar que el paso de Trump por Asia esté siendo turbulento. No en vano, poco antes de su aterrizaje en suelo de la excolonia española, cientos de manifestantes fueron dispersados con cañones de agua cuando trataban de llegar hasta la embajada de Estados Unidos para protestar por su presencia en el país. «Prohibidle la entrada», se leía en algunas pancartas.

Trump, sin embargo, debe de considerar que cuenta con la serenidad necesaria para dirigir una mediación internacional, porque eso es precisamente lo que ofreció al presidente vietnamita, Tran Dai Quang, durante la breve visita que hizo a Hanoi: se presentó voluntario para hacer de árbitro en la disputa por la soberanía de aguas del mar del Sur de China, que enfrenta a Pekín con media docena de países del sudeste asiático.

«Tenemos que ser amigos»

El propio Duterte, que preside uno de los países afectados por el expansionismo chino en esa zona, fue el primero en desechar la idea en una conversación con empresarios que participan en la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que continuará hoy. «Tenemos que ser amigos. Algunos inconscientes buscan que nos enfrentemos a China y al resto del mundo en muchos ámbitos. Es mejor no tocar el mar del Sur de China, porque no podemos permitirnos una guerra», dijo.

Afortunadamente, el único enfrentamiento que ha tenido Trump en el continente asiático ha sido verbal. El régimen norcoreano se refirió a él como un «viejo destructor en pos de una guerra nuclear» debido a las maniobras que realizan tres portaaviones americanos cerca de sus costas, y él respondió en Twitter que «nunca llamaría a Kim Jong-un -el presidente norcoreano- bajo y gordo». Seguramente, con Vladímir Putin fue más cordial durante las ocasiones en las que pudieron intercambiar palabras en Vietnam. No fueron muchas, pero suficientes para que el dirigente ruso le reiterase a Trump que él no tuvo nada que ver en las elecciones estadounidense que encumbraron al magnate americano.

Sin embargo, el presidente estadounidense se hizo un lío en la conferencia de prensa que dio junto a Tran y terminó diciendo que él cree que Putin está seguro de que Rusia no intervino. Pero evitó dar su propia opinión, que ha sido contraria a las pruebas mostradas por los servicios de inteligencia americanos. Es evidente que Trump no evita las polémicas. Al contrario, parece disfrutar provocándolas. Pero en Asia esa es una estrategia de la que huyen los mandatarios que estos días le estrechan la mano. Mientras tanto, el poder de influencia de Estados Unidos en la región más importante del mundo continúa cayendo a un ritmo inversamente proporcional al del poder chino.

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