«Tranquilos, voy a presentar batalla»

Luiz Inacio Lula da Silva saluda a sus simpatizantes, ayer, desde la ventana del sindicato metalúrgico, en Sao Paulo. :: EFE/
Luiz Inacio Lula da Silva saluda a sus simpatizantes, ayer, desde la ventana del sindicato metalúrgico, en Sao Paulo. :: EFE

El expresidente de Brasil Lula da Silva incumple el plazo para entregarse a la justicia y pasa la jornada reunido con sus seguidores en Sao Paulo

MARCELA VALENTE

buenos aires. En una decisión que contó con el aval de una multitud en las calles, el expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silvia, desoyó ayer la orden del juez Sergio Moro que de manera intempestiva le exigió entregarse en Curitiba para cumplir con una pena de prisión. Tras conocer la orden del juez, Lula decidió permanecer en la sede del sindicato metalúrgico de Sao Bernardo do Campo, en el cordón industrial de la capital paulista, adonde fueron llegando manifestantes en su apoyo que le pedían que no se entregue.

«No vamos a dejar que se entregue», advertían dirigentes del Frente Brasil Popular y de Pueblo sin Miedo, que convocaron a los militantes del Partido de los Trabajadores (PT) y simpatizantes de Lula a acudir a la sede del sindicato desde donde Lula fue detenido para ir a prisión en 1980. Aquella vez el arresto fue por «incitar a la huelga». Lula era presidente del sindicato metalúrgico y el país era gobernado por un régimen militar. Ayer por la mañana repetía «estoy tranquilo» cuando saludaba y consolaba a sus seguidores, algunos sumidos en llanto. Los simpatizantes lograron entrar a saludarlo y tomarse fotos con él. Uno de ellos le mostró orgulloso su carnet de médico y los dos se fundieron en un abrazo. «Quédense tranquilos, voy a presentar batalla», les prometió.

Las muestras de solidaridad con el exmandatario y favorito para las presidenciales de este año se expresaron a lo largo del día mediante cortes de carreteras y avenidas en una veintena de Estados del país y con actos callejeros en las principales capitales. Y cuando estaba por cumplirse el plazo fijado por Moro para que se entregara, el médico personal de Lula reveló que su paciente tenía la presión alta. «Es diabético y está muy conmocionado», dijo el especialista, que pidió un desfibrilador por si se diera una crisis.

Tuvo que consolar a sus simpatizantes, conmocionados por la orden judicial

El jueves en la madrugada, por seis votos contra cinco, el Supremo Tribunal Federal había resuelto rechazar la solicitud 'habeas corpus' realizada por la defensa para evitar la prisión. Con una velocidad sin precedentes, Moro dispuso horas después que Lula, que vive en Sao Paulo, debía entregarse en Curitiba -a 400 kilómetros de la capital paulista- antes de las 17 horas de ayer (22: 00horas de España).

Resistencia

La Policía Federal se enfrentaba a cómo cumplir la orden del juez sin provocar una conmoción social entre los simpatizantes de Lula que formaron un cerco humano en el sindicato. La Policía consideró «remota» la posibilidad de entrar por la fuerza al edificio para arrestar a Lula y esperaba a que el expresidente se entregara en Sao Paulo.

Nunca antes el juez había procedido con tanta celeridad. No quiso esperar a que se agoten los recursos pendientes. Prohibió que se utilicen esposas y prometió a Lula «una sala reservada» en dependencias de la Policía de Curitiba «en razón de la dignidad del cargo que ocupó».

Lula ignoró la orden y sus abogados presentaron recursos de última hora para evitar la prisión ante el Superior Tribunal de Justicia y ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Pero el Superior Tribunal también rechazó la solicitud.

El presidente del Instituto Lula, Paulo Okamotto, explicó que el viaje a Curitiba requería una logística y una seguridad que no se podía garantizar en tan poco tiempo. Además, recordó que Lula tiene todas sus cuentas y su pensión embargadas y no tiene recursos para viajar.

El diputado del PT Paulo Pimenta, que acompañó a Lula en el sindicato, declaró que el fundador del partido, de 72 años, estaba tranquilo pero también indignado. «No está por encima de la ley pero tampoco por abajo», advirtió. «Los recursos no fueron agotados», recordó.

La expresidenta Dilma Rousseff, destituida por un juicio político, sostuvo que la orden de prisión contra Lula «es el preanuncio de que hay gente que puede querer que no tengamos elecciones este año». Las elecciones se celebrarán el 7 de octubre y Lula es favorito en todos los sondeos. Para Rousseff, su propia destitución fue «un golpe» y ese golpe necesita reproducirse para garantizar la continuidad de su proyecto, dijo. «El problema es que no tienen candidato. Nosotros lo tenemos y lo tiene la extrema derecha», alertó.

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