EE UU tiende la mano a Corea del Norte para evitar el choque frontal

Una pantalla gigante instalada en una plaza de Pyongyang permite contemplar el lanzamiento de un misil norcoreano. :: kim won-jin / afp
Una pantalla gigante instalada en una plaza de Pyongyang permite contemplar el lanzamiento de un misil norcoreano. :: kim won-jin / afp

Tillerson ofrece el diálogo a Pyongyang y pone como condición indispensable un periodo prolongado sin pruebas con misiles

M. GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

En la guerra dialéctica que ha puesto a EE UU y Corea del Norte al borde de un conflicto militar se abre un resquicio para el diálogo. El que ha propuesto vagamente el secretario de Estado Rex Tillerson desde Filipinas, donde saludó al extraño aliado de la era Trump en Asia, el presidente Rodrigo Duterte.

Para que se abra esa puerta, Tillerson pone un requisito indispensable: que se detengan las pruebas de misiles nucleares de largo alcance, que dieron lugar el sábado pasado a la imposición de nuevas sanciones por parte de la ONU. «La mejor señal que Corea del Norte puede darnos de que están listos para negociar es dejar de lanzar misiles», planteó el secretario de Estado. Algo que prolonga la crisis, porque como él mismo admitió no es un planteamiento que permita iniciar conversaciones en 30 días. «No hemos tenido un largo periodo sin provocaciones», recordó.

Tillerson advierte que su país vigilará la implementación de las nuevas sanciones aprobadas unánimemente por el Consejo de Seguridad. La octava ronda desde 2006 es también la mayor. Veta el carbón y otras exportaciones valoradas en más de mil millones de dólares, lo que supone un tercio del total de sus ingresos, estimados en 3.000 millones de dólares. «Lo más importante es que lanzan el mensaje de que toda la comunidad internacional considera que su conducta es inaceptable», concluyó.

Para Corea del Norte, sin embargo, esas sanciones suponen «un ataque a la soberanía» y una «arrogancia» estadounidense que Pyongyang se propone castigar, dijo ayer la televisión estatal KCNA. Su mejor aliado, China, coincide en calificar a EE UU de arrogante, pero recomienda a su vecino que se someta a la voluntad internacional y suspenda las pruebas de misiles y aproveche la oportunidad para sentarse en la mesa del diálogo.

No hay plazos. Tillerson dice que «lo sabremos cuando lo veamos». China cree que la situación es «crítica». Este paí tiene la posición más difícil. El 90% de las importaciones de Pyongyang proceden de sus fronteras. Trump acusa a Pekín de jugar con dos barajas y «no hacer nada para ayudarnos con Corea del Norte».

¿Hay tiempo?

Con un presidente tan impulsivo en EE UU, el régimen chino teme que un conflicto en la península coreana lleve las tropas estadounidenses hasta la puerta de su casa y sirva para fortalecer aún más la presencia militar de EE UU en su territorio. Si el conflicto militar hiciera caer al régimen de Kim Jong-un, el país americano no sólo ejercería el control en la península, sino que China tendría que enfrentarse a oleadas de refugiados.

Muchos temen que incluso si China coopera en imponer las sanciones aprobadas, no quede tiempo para esperar a que asfixien al Gobierno de Pyongyang. Desde principios de año este país ha realizado 14 pruebas de misiles. El último demostró con éxito la efectividad de un cohete que puede viajar 6.400 millas, lo que pone a tiro casi todo el territorio continental de EE UU. Ciudades como Chicago o Detroit no habían sufrido antes la amenaza del dictador coreano. Eso ha puesto nerviosos a los congresistas estadounidenses, donde han surgido voces de peso, como la del senador Lindsey Graham, urgiendo a Trump a adoptar acciones militares antes de que sea demasiado tarde.

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