Tensión prebélica con Corea del Norte

Miles de norcoreanos asisten en Pyongyang a un acto de apoyo a su Gobierno en el enfrentamiento dialéctico con EE UU. :: K. Won-Jin / afp

El Pentágono apoya la amenaza de Trump a Pyongyang, que señala a la isla de Guam como posible blanco de sus misiles

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Las televisiones emiten desde los centros de emergencia de Hawai, donde una bomba nuclear de Corea del Norte podría llegar en 20 minutos. Las autoridades resucitan los simulacros para probar las sirenas que no se han usado desde la Guerra Fría. Los bañistas en las playas miran el horizonte inquietos. Congresistas como el demócrata Brendan Boyle, del comité de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja, confirman la opinión de los expertos: «Esta es la mayor crisis nuclear que vivimos desde esos 13 días de octubre de 1962», en los que John F. Kennedy logró abortar la 'crisis de los misiles' en Cuba, desoyendo a los militares.

En la Casa Blanca de Trump la voz de los generales es mucho más poderosa que en el reino de Camelot. Incluso el poderoso Steve Bannon y varios de sus asociados han sido desplazados de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional por el general HR McMaster, que aguanta la furia de sus seguidores en las redes sociales bajo la etiqueta #FireMcMaster gracias al firme apoyo del comandante en jefe.

Bannon es partidario de la línea dura contra Irán, pero no contra Corea del Norte, que considera «un subconjunto de China». En el Departamento de Estado Rex Tillerson también busca desactivar la crisis. Ayer su avión se posó en la isla de Guam para reabastecerse, lanzando así un signo de tranquilidad. Los estadounidenses, conminó, deben despreocuparse de la «particular retórica de los últimos días» y «dormir bien por las noches». El presidente sólo le habla así a Kim Jong-un «porque no parece entender el lenguaje diplomático», explicó. Su papel es lograr que el conflicto desemboque en negociaciones, por las que apuestan los expertos. Según el análisis de Eurasia Group, hay un 10% de posibilidades de que la tensión acabe en ataque militar, mientras que las esperanzas de una solución diplomática llegan al 70%.

«Frente a los intentos conciliadores de las facciones civiles, el jefe del Pentágono suscribió ayer en un comunicado la estremecedora amenaza que lanzase el día antes su comandante en jefe. En línea con «el fuego y la furia» que prometió lanzar Trump «como nunca antes se haya visto sobre la faz de la tierra», el general James Mattis, apodado 'Perro Loco', advirtió a Corea en un comunicado oficial que si no cesa «sus acciones conducirán al final de su régimen y a la destrucción de su pueblo». La efeméride hacía estas palabras aún más inquietantes. Ayer se cumplían 72 años de la segunda bomba nuclear que EE UU descargó sobre Japón al término de la II Guerra Mundial. Unas 200.000 personas murieron entre Hiroshima y Nagasaki, la única vez que se han usado bombas nucleares. La posibilidad de que EE UU pueda desencadenar algo aún peor estremece.

Como Truman

Trump parecía haber copiado una página escrita en 1945 por Harry Truman, quien tras el ataque de Hiroshima el 6 de agosto advirtió a Japón de la «total destrucción de su pueblo» si no aceptaba el ultimátum. «Les caerá desde el aire una lluvia de ruina como no se ha visto jamás sobre la tierra», lapidó. Truman cumplió su amenaza y tres días despu repitió el ataque en Nagasaki. En el caso de Trump, el senador John McCain le pidió contención, porque «uno tiene que ser capaz de hacer lo que dice». El historiador Thomas Ricks recomendó al presidente que mejor siga el ejemplo de Churchill: «Habla con suavidad pero lleva contigo un gran palo».

China teme que las palabras de Trump provoquen aún más a Kim Jong-un, como demuestra la reacción del líder norcoreano de amenazar con un ataque a la isla de Guam, enclave militar estadounidense en el Pacífico. El ministro de Asuntos exteriores chino, Wang Yi, pidió en un comunicado que se eviten «declaraciones y acciones que puedan agravar conflictos y aumentar las tensiones». Rusia, por su parte, recuerda que aquí no procede una solución militar.

Con dos locos al volante, es difícil predecir el resultado. Trump está acostumbrado a intimidar a sus rivales y actúa con Kim Jong-un como si estuviera en el negocio de los casinos. Ni siquiera sus asesores sabían lo que iba a salir de su boca cuando la prensa le preguntó durante una reunión sobre la epidemia de opio. Al menos uno de estos generales, John Kelly, recién nombrado jefe del gabinete, quedó horrorizado, según 'The New York Times'.

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