El supremacismo de EEUU busca el refugio del bitcoin

Los ultraderechistas utilizan la moneda digital para burlar el control del Gobierno a sus finanzas y la regulación contra su propaganda en Internet

CAROLINE CONEJERO NUEVA YORK.

Después del rechazo social masivo contra los grupos neonazis generado por los graves choques en Charlottesville, Virginia, donde una persona murió atropellada por un ultra en una manifestación el verano pasado, las compañías tecnológicas reforzaron su regulación para prohibir la difusión de propaganda de ultraderecha en internet. Los grupos supremacistas se vieron así virtualmente desterrados de la red en sus esfuerzos por recaudar fondos y propagar su ideología. Pero la derecha 'Alt', como también se conoce a los grupos ultras, no ha tardado mucho en circunvalar la prohibición digital y encontrar vías alternativas de acceso: el bitcoin.

La moneda digital ya era conocida en las filas de la ultraderecha como forma de ocultar transacciones financieras. El propio Richard Spencer, líder del supremacismo norteamericano, había declarado el bitcoin como «la moneda de la derecha 'Alt'» mucho antes de los sucesos de Charlottesville. Pero ha sido después cuando la ultraderecha se ha movilizado con urgencia para adoptar el bitcoin como herramienta financiera para evadir el control gubernamental y la prohibición digital.

El sistema descentralizado de moneda digital del bitcoin, sin control gubernamental o moneda física, y sus extraordinarias ganancias a pesar de su volatilidad bursátil se ha convertido en el paraíso financiero de la derecha supremacista al igual que de delincuentes, blanqueadores de dinero, vendedores de armas y otros negocios ilícitos. Pero no todos los usuarios del nuevo sistema monetario digital son ilegales. Numerosas empresas, organizaciones sin ánimo de lucro o individuos en general utilizan diariamente el bitcoin para sus transacciones financieras digitales por su alta rentabilidad. A pesar de su ubicuidad, el sistema descentralizado del bitcoin hace imposible conocer la propiedad de las cuentas. Las organizaciones que monitorean la actividad política de los grupos extremistas han detectado un aumento drástico en estas transacciones.

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