Los socialistas de EE UU dudan entre el voto útil y su emancipación como partido

Bernie Sanders. :: efe/
Bernie Sanders. :: efe

M. GALLEGO NUEVA YOR

El 57% de los estadounidenses quiere un tercer partido, una tendencia que no ha hecho más que aumentar desde que Gallup empezó a medirla en 2003. ¿Por qué no un Partido Socialista? La Guerra Fría que siempre lo ha ahogado ya es historia. En Europa se ve con normalidad al Partido Laborista británico, el Partido Socialista Francés, los Social Demócratas Alemanes, el Partido Socialista Obrero Español... En EE UU los Socialistas Democráticos de América ni siquiera son un partido, pese a estar afiliados a la Internacional Socialista. Con el éxito de la revolución del senador Bernie Sanders muchos creen que ha llegado el momento de salir del paraguas demócrata.

«El Partido Demócrata es un partido fracasado y una marca tóxica», arengó este fin de semana el congresista demócrata de Ohio Tim Ryan, en la mayor convención que haya tenido la formación socialista de EE UU en toda su historia. «Poner la D a cualquier sigla progresista o socialista es ponerla en desventaja para el día de las elecciones. ¿Por qué atar nuestra estrategia a un barco que se hunde?», continuó.

El delfín de Nancy Pelosi se ha rebelado y ahora se postula para desplazarla como líder de la Cámara Baja, pero arremete también con las bases en busca de la renovación que salve a la izquierda. El paso requiere valor. Si se divide el voto progresista será difícil arrebatar el poder al Partido Republicano en 2020. El temor a un segundo mandato de Donald Trump paraliza a los propios socialistas, que el domingo votaron en contra de la propuesta para convertirse en partido.

Tenían frente a sí las mejores perspectivas que hayan visto jamás. La sociedad se orilla hacia los extremos. Los demócratas han abrazado las propuestas de Sanders de abogar por un salario mínimo de 15 dólares por hora y hasta muchos republicanos se oponen a los tratados de libre comercio a los que se culpa de la depauperación industrial.

El asunto no está cerrado, porque dentro del partido de Barack Obama y Bill Clinton, dos figuras que no pueden volver a presentarse en las elecciones, el debate también es si conviene orillarse a la izquierda para espolear a las bases y aprovechar el movimiento de resistencia o al centro para captar a los republicanos moderados defraudados con Trump. Un panorama de confusión y parálisis que beneficia al Partido Republicano en el poder.

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