El senador McCain se cuadra ante Trump

Donald Trump, durante su intervención en la fiesta anual de los boy scouts en Virginia. Arriba, el senador John McCain. :: reuters y afp
Donald Trump, durante su intervención en la fiesta anual de los boy scouts en Virginia. Arriba, el senador John McCain. :: reuters y afp

El voto del 'héroe de Vietnam' aquejado de cáncer fue decisivo para desbloquear la ofensiva contra la reforma sanitaria de Obama

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Dos enormes carteles rojos en la puerta de la sala donde Mitch McConnell sermoneaba a sus correligionarios del Senado dejaban claro que la reunión era supersecreta. Sin cámaras, sin testigos. La última oportunidad de mantener con vida la promesa electoral de anular la reforma sanitaria de Obama y salvar la cara ante el electorado más conservador. Al final, el sueño de Trump se hizo posible con el voto de un senador recién salido de una operación que millones de estadounidenses no podrán permitirse si desmantelan la reforma sanitaria.

El presidente jaleaba a los legisladores por Twitter con su particular mezcla de arengas y amenazas. «¡Gran día para la sanidad! Después de siete años ahora veremos si los republicanos están a la altura». La presión era máxima. No había dudas de que el mandatario capaz de atosigar a su propio ministro de Justicia en las redes sociales también puede humillar y destruir al senador que osara señalarse votando en contra. McConnell sólo buscaba salvar la cara para mantener con vida la esperanza de acabar con el Obamacare. A sus senadores les recordaba que lo único que se votaba era una moción que permitirá debatir la contrarreforma, pero todos sabían que eso es abrir la caja de Pandora.

Nadie conoce lo que hay dentro. Después de aprobar la moción para debatir la ley que la Cámara baja ya había sacado adelante por la mínima en mayo, el Senado empezará a discutir enmiendas que, admitían, nada tienen que ver con esa ley de la Cámara baja, que nadie espera que se apruebe en la alta. Su misión es sólo ser vehículo del debate para cumplir la promesa que los republicanos hicieron al electorado más conservador.

Los que más temían verse retratados son los moderados que usaron la cizaña de Obamacare para avivar sus campañas, pero que realmente no quieren dejar a 22 millones de personas sin seguro, como estima la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO) que ocurrirá si se aprueba esa ley. «¡Cualquier senador que vote en contra de abrir el debate estará diciendo que le parece bien el Obamacare!», advirtió por Twitter el 'matón en jefe'.

Ayer se salvaba de la quema el senador de Arizona John McCain -«¡Un gran héroe americano!», celebró esta vez Trump-, recibido con aplausos en el hemiciclo. Con la herida sobre la ceja izquierda por la que le extrajeron la muestra del peor cáncer posible, voló a Washington sólo para ejercer este voto de viva voz. Se ahorró el almuerzo de McConnell, porque con los días contados no está para perder el tiempo con persuasiones. McCain siempre ha estado a favor de debatir un reemplazo para la Ley de Atención Sanitaria Asequible (ACA) en la que Obama invirtió su capital político, pero no está claro que vaya a respaldar una alternativa que elimine de golpe la expansión del seguro para los más desfavorecidos, Medicaid, en la que se han embarcado 30 estados, incluido el suyo.

Cenizas y libre mercado

Gracias a los fondos proporcionados por la ACA, el seguro de beneficencia se ha ampliado a 14 millones de estadounidenses de bajos recursos. Más de 700.000 viven en Arizona. Con sólo 52 escaños en un Senado de 100 donde el vicepresidente desempata, y la oposición de dos legisladoras -Susan Collins (Maine) y Lisa Murkowski (Alaska)-, el voto del octogenario héroe de Vietnam fue el decisivo. McCain sigue cuadrándose, incluso cuando vislumbra la muerte.

McConnell ya trabaja en el destino más cruel para la sanidad de EE UU: privarla, a través de diferentes votaciones, de todo aquello que la hace posible, como el mandato obligatorio o los impuestos que la subsidian. Sin estos pilares se desmoronará. Sobre sus cenizas, los republicanos esperan poder crear a su antojo una nueva ley que restablezca la soberanía del libre mercado.

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