El 'segundo' del FBI sucumbe a la presión de la Casa Blanca

McCabe dimite después de ser durante ocho meses el centro de las críticas por la presunta vinculación de su esposa a los Clinton

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

No es común jubilarse a los 49 años, pero Andrew McCabe no veía la hora de salir de la mira de Donald Trump. Tanto, que el director adjunto del FBI, al que el presidente lleva ocho meses intentando despedir -llegó a dar la orden en junio-, ha decidido cogerse un mes de excedencia para no tener que seguir en el cargo hasta marzo. Será entonces cuando haya cumplido el tiempo necesario para recibir la pensión.

Su dimisión ayer fue una sorpresa para sus propios subordinados y hasta para la Casa Blanca, según la portavoz, Sarah Huckabee, quien quiso aclarar que el presidente «no ha tenido nada que ver». Trump no dijo una palabra al respecto en Twitter, lo cual inquietó aún más a quienes creen que McCabe ha salido del cuerpo porque vivía bajo presión.

El mandatario y el Partido Republicano en general le han convertido en objeto de críticas y conspiraciones desde que se supo que en 2015 su esposa recibió casi medio millón de dólares (402.000 euros) en donaciones de campaña de una plataforma de acción política asociada al gobernador de Virginia Terry McAuliffe, amigo de los Clinton. Era lo lógico, teniendo en cuenta que la candidata al distrito 13 de Virginia era de su propio partido y le ayudaría con la agenda del Estado, pero los conspiracionistas han querido ver ahí la mano de los Clinton, que, según estas teorías, anticiparon la investigación del FBI sobre los correos de la secretaria de Estado y trataban de comprar un aliado que la exculpase.

Andrew McCabe El director adjunto de la oficina federal tenía previsto acogerse a la jubilación en marzo

«Andy»

A esta teoría se une la críptica mención a un tal «Andy» en uno de los mensajes de texto que intercambiaron el agente del FBI Peter Strzok con la fiscal federal Lisa Page durante la campaña electoral, espantados ante el ascenso del entonces candidato Donald Trump, «¡Dios mío, es un idiota!». Ambos terminaron trabajando en el equipo del fiscal especial Robert Mueller, que investiga un contubernio de la campaña del presidente con Rusia. En cuanto las pesquisas del inspector general del Departamento de Justicia revelaron el contenido de esos mensajes, Mueller, que solo llevaba un mes como fiscal especial, apartó a ambos.

Ninguno de ellos tenía prohibido expresar opiniones políticas, por lo que no fueron disciplinados, solo apartados de una investigación que no podía permitirse un conflicto de intereses. Con todo, los mensajes de texto se convirtieron en el eje de una supuesta conspiración del Deep State contra Donald Trump, que describe con lujo de nombres en un memorándum el presidente del comité de Inteligencia del Congreso, Devin Nunes. Ayer, ese memorándum todavía no se había hecho público. Este mismo comité votará su desclasificación esta semana.

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