Seehofer empieza a comprobar que será difícil 'devolver' a solicitantes de asilo

Acreditado el rechazo de Austria y Hungría, el ministro del Interior alemán negociará la entrega de refugiados a Italia y Grecia

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

La iniciativa de los conservadores alemanes para cerrar su frontera a los peticionarios de asilo registrados en otros países de la Unión Europea con la creación de «centros de tránsito» para su devolución a esos Estados se topó ayer con los primeros escollos que hacen dudar de que pueda llegar a ponerse en marcha. La firma de acuerdos bilaterales con otros socios de la UE para alcanzar esa meta se plantea más que complicada. Mientras el primer ministro húngaro, Viktor Orban, rechazó de plano en Berlín la posibilidad de aceptar ese tipo de 'devoluciones', el canciller austríaco, Sebastian Kurz, insistió en que no firmará con Alemania un acuerdo al respecto que perjudique a su país.

En su primera visita a la capital alemana en cuatro años, Orban se reafirmó en su política de mano dura contra todo tipo de inmigración y no cedió un ápice al llamamiento a la solidaridad con sus socios de la UE de la canciller germana, Angela Merkel. Tras su entrevista ambos admitieron una única coincidencia. Los puntos de vista de Alemania y Hungría en materia de refugiados «son muy diferentes», dijo Merkel, mientras Orban subrayó que ambos contemplan esa cuestión «desde distintas perspectivas».

El primer ministro magiar reiteró públicamente que su país no admitirá la entrega de un solo peticionario de asilo desde Alemania y dejó claro que Hungría no es responsable de los refugiados que pisaron en Grecia por primera vez territorio comunitario pero nunca fueron registrados allí. Es más, Orban subrayó que la estricta política fronteriza húngara supone una 'bendición' para Berlín al haber cerrado la ruta de los Balcanes. «De lo contrario llegarían hoy a Alemania de 4.000 a 5.000 refugiados diarios», advirtió el ultranacionalista, quien dijo que su iniciativa de hace dos años es una «muestra real de solidaridad».

Orban se preció de que 8.000 efectivos armados vigilan los límites de su país con Serbia y Croacia las 24 horas del día y es «imposible» cruzar ilegalmente esa frontera. «Aliviamos a Alemania de un enorme peso», se ufanó uno de los mayores críticos de la política de Merkel para los refugiados.

De acuerdo se mostraron Merkel y Orban en la necesidad de mejorar la defensa de las fronteras exteriores de la UE y en cooperar en ayuda al desarrollo para combatir las causas de la migración incontrolada. Pero la también presidenta de los cristianodemócratas (CDU) insistió en que el objetivo no es que «acabemos simplemente aislándonos» y señaló que deben darse posibilidades legales de llegada a Europa para estudiar o trabajar.

«Cerrar» el Mediterráneo

Más cercano a Orban que a Merkel se mostró el ministro federal alemán del Interior y líder de los socialcristianos bávaros (CSU), Horst Seehofer. Tras recibirle en Viena, el canciller federal austríaco, anunció la celebración la semana próxima en Innsbruck de un encuentro de los titulares de Interior de Austria, Alemania e Italia para estudiar medidas que reduzcan la presión migratoria en el Mediterráneo. Seehofer habló incluso de «cerrar completamente» esa «ruta meridional».

El conservador alemán trató de corregir malentendidos con sus anfitriones austríacos. «Nadie pretende que Austria asuma la responsabilidad sobre refugiados de los que nunca fue responsable», dijo Seehofer, quien aseguró que los peticionarios de asilo retenidos en el futuro en los «centros de tránsito» en la frontera austro-alemana registrados antes en Grecia o Italia serán devueltos directamente a esos países, aunque reconoció que antes deberá negociar con Roma y Atenas acuerdos bilaterales. Si no es posible, «deberemos reflexionar de nuevo sobre medidas para acabar con esa migración ilegal», admitió Seehofer.

En la polémica conservadora sobre los refugiados, que estuvo a punto de causar un cisma entre CDU y CSU, Merkel y Seehofer alcanzaron un compromiso para la creación de los citados «centros de tránsito» como solución a la crisis. Pero la iniciativa bávara se plantea como un objetivo muy complicado de llevar a la práctica.

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