La UE y Reino Unido tensan la cuerda

Jean-Claude Juncker y Theresa May, ayer a su llegada al lugar de las negociaciones. :: J. T. / AFP/
Jean-Claude Juncker y Theresa May, ayer a su llegada al lugar de las negociaciones. :: J. T. / AFP

May se reúne con Juncker y Tusk en Bruselas para intentar salvar el escollo irlandés y poder cerrar un acuerdo esta misma emana

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

El vaso de las negociaciones del 'brexit' está medio lleno y medio vacío. A gusto del observador. Se trata de una simple cuestión de perspectiva. Quienes ayer vieron un fracaso quizá tengan tanta razón como aquellos que vieron que el primer gran acuerdo está al alcance de la mano, muy cerca. Lo que sí está claro es que la Unión Europea y Reino Unido siguen tensando la cuerda en el último tramo de las negociaciones del divorcio para ganar posiciones de cara a la negociación sobre el futuro. Tensar y tensar. ¿Se romperá la cuerda? Ese el gran miedo.

Fue un lunes de grandes emociones en Bruselas. En lo económico, se decidió la presidencia del Eurogrupo. En lo nacional, compareció el expresident Carles Puigdemont ante la justicia belga. Y en lo geopolítico, era un día clave para el 'brexit' con la primera ministra británica, Theresa May, de minigira en la capital comunitaria reuniéndose con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Consejo, Donald Tusk. Ayer, 4 de diciembre, finalizaba el «fecha límite absoluta» para alcanzar un principio de acuerdo de cara a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se celebrará en Bruselas los días 14 y 15. No lo hubo. Casi, pero no.

«Pese a nuestros mejores esfuerzos y los progresos significativos que nosotros y nuestros equipos hemos realizado en los últimos días en los tres temas del divorcio (factura, derechos e Irlanda), no ha sido posible alcanzar un acuerdo completo», recalcó Juncker en una breve comparecencia conjunta sin preguntas celebrada a media tarde junto a May en la sede de la Comisión. «No es un fracaso, es el inicio de la última ronda. Confío en que llegaremos a un acuerdo esta semana», lanzó.

He aquí las señales de optimismo. No sólo por el mensaje, también por el hecho de que ambos decidiesen comparecer juntos aunque sólo fuese para hacerlo durante cinco minutos. Se trataba de lanzar un mensaje y, a veces, la imagen es clave.

«En muchas cuestiones existe un entendimiento común. Pero sobre un par de cuestiones persisten diferencias que requieren más negociaciones y consultas. Y estas continuarán, pero nos volveremos a reunir antes del fin de semana y confío en que concluiremos esto positivamente», afirmó por su parte May.

Guiños de Juncker a May

Son momentos cruciales para la negociación y si ambas partes quieren que lleguen a buen puerto saben que necesitan 'ayudar' al otro. La figura de la mandataria británica está muy cuestionada, incluso por los suyos, y Bruselas lo último que quiere es otras elecciones o una crisis de Gobierno que se lleve por delante a la 'premier'. De ahí las flores que ayer le regaló el presidente de la Comisión. «Nuestra relación personal es excelente, pero es una negociadora dura, no fácil. Está defendiendo el punto de vista de Reino Unido con toda la energía que tiene y yo hago lo mismo del lado de UE», recalcó. Para que haya acuerdo, el relato es clave. Todos deben poder vender a los suyos que han ganado.

Hay tres grandes asuntos para certificar el divorcio y poder concluir en la cumbre de dentro de diez días que se han dado «progresos suficientes» para pasar a la siguiente fase: la negociación del futuro acuerdo comercial. Este es el escenario ideal de Londres, pero los 27 no se lo están poniendo nada fácil. Con el asunto de los derechos ciudadanos avanzado y después de que los británicos cediesen en lo relativo a la factura de salida y aceptasen pagar hasta 55.000 millones, el gran escollo que queda sobre la mesa es cómo se soluciona el tema irlandés para no reeditar una frontera física.

Parece que por fin ha llegado una propuesta más o menos digerible. De hecho, Tusk recurrió a Twitter para mostrar su euforia por lo que él consideraba la cercanía de un acuerdo. Su optimismo, sin embargo, se fue disipando con el paso de las horas. Por la tarde, el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, se mostró «sorprendido y decepcionado». Pero hay tiempo. Nada está roto.

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