«Es el regalo más hermoso para los setenta años del Estado de Israel»

Jóvenes palestinos queman las banderas estadounidense e israelí en Gaza. :: MAHMUD HAMS / afp/
Jóvenes palestinos queman las banderas estadounidense e israelí en Gaza. :: MAHMUD HAMS / afp

La medida fue recibida con euforia por Tel Aviv, mientras que el líder palestino advirtió de que alimenta extemismos

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

La ciudad vieja se convirtió en el espejo de Jerusalén tras el discurso de Donald Trump en el que reconoció de forma oficial la ciudad santa como capital de Israel. Las autoridades israelíes, que ocuparon la ciudad vieja y el resto de los barrios orientales de la ciudad en 1967, proyectaron en los muros imágenes con banderas gigantes de Israel y Estados Unidos. El Waqf, gestor de los lugares santos musulmanes, apagó la iluminación que acompaña cada noche a la cúpula dorada del Domo de la Roca en la Explanada de las Mezquitas.

Fue el epílogo de «un día histórico», según el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que alabó el carácter «valiente y justo» de la medida aprobada por el inquilino de la Casa Blanca. Netanyahu aprovechó también para instar al resto de países a que se unan a Estados Unidos y trasladen a Jerusalén sus legaciones diplomáticas, que ahora se encuentran en Tel Aviv y alrededores. Para el presidente del país, Reuven Rivlin, se trata «del regalo más hermoso y adecuado para los setenta años de la independencia del Estado de Israel».

La alegría en el lado israelí contrastó con el malestar entre unos palestinos que se agarraron a la legalidad internacional y a las resoluciones de la ONU para no perder la esperanza en que Jerusalén Este sea algún día la capital de su Estado. Una hora después de terminar el discurso de Trump, Mahmud Abás compareció ante las cámaras para insistir en que «en esta declaración ha elegido violar todas las resoluciones y acuerdos internacionales y bilaterales, y contradecir el consenso expresado por varios países del mundo». De hecho, aliados norteamericanos como Reino Unido, Alemania y Francia discreparon de la decisión de Trump.

El apoyo saudí, clave

El líder palestino, de 82 años, advirtió en su comparecencia de que este tipo de medidas sirven a los intereses de los grupos extremistas para catalogar «el conflicto en la región como una guerra religiosa» y en respuesta directa a Trump concluyó señalando a Jerusalén como «una ciudad árabepalestina, islámica y cristiana, y la capital eterna del Estado de Palestina».

Desde Gaza, Hamás fue menos moderado que Abás y denunció que Trump «abrió las puertas del infierno» al reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Ismael Raduan, responsable del grupo islamista, llamó a los países árabes y musulmanes «a cortar los lazos políticos y económicos con las embajadas estadounidenses y a expulsar a sus embajadores», un llamamiento alejado de una realidad en la que EE UU cuenta con una firme alianza con Arabia Saudí que le garantiza que las palabras de condena no se convertirán en medidas concretas.

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