El recuento de votos desdice a Maduro

Un hombre pasa frente a la casa del opositor Leopoldo López, que fue detenido de nuevo la madrugada del martes. :: Cristian Hernández / efe

El resultado «se infló» en al menos un millón de votos, según la empresa que desde 2004 comprueba los resultados electorales

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

Poco antes de que el presidente Nicolás Maduro tomara juramento ayer, en un estadio deportivo, a los cerca de 550 nuevos asambleístas elegidos el pasado domingo en Venezuela, trascendió que el recuento de resultados fue inflado en al menos un millón de votos. A Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, le faltó tiempo para pedir a la Fiscalía una profunda investigación. De todas formas y aun con millón o millón y medio menos, la cifra de votantes rondaría los siete millones, lo que igualaría la consulta popular efectuada por la oposición el 16 de julio, y superaría los cinco millones que obtuvo el chavismo en la última votación. Además sería muy superior a los dos o tres millones que estimó la oposición.

El Gobierno se queda con la cifra oficial de 8.089.320 y, haciendo caso omiso a las quejas de la comunidad internacional, prosigue con sus planes, después de anunciar la expulsión del país de 20 miembros de la empresa responsable del recuento, Smartmatic. El Ejecutivo confirmó que hoy los miembros electos de la Asamblea Nacional Constituyente acudirán a la sede del Parlamento, arropados por una marcha oficialista, para tomar posesión de sus escaños ahora ocupados por un Poder Legislativo de mayoría opositora elegido a finales del 2015 que posiblemente quede disuelto.

Según adelantó Maduro, los legisladores podrían perder su inmunidad y quizá muchos puedan ser arrestados. En la calle también estarán hoy simpatizantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que han convocado una protesta para rechazar la instalación del «fraude constituyente». La comunidad internacional sigue invocando al diálogo para salir de la crisis, pero como advirtió la ONU, «la escalada de tensión hará más difícil una solución» negociada.

La alerta sobre la «manipulación del dato de participación» provino de Antonio Mugica, director de Smartmatic, la empresa que desde el año 2004 se ha encargado de contar los votos de las elecciones con su plataforma electrónica. «Una auditoría permitiría conocer la cantidad exacta de participación. Estimamos que la diferencia entre la cantidad anunciada y la que arroja el sistema es de al menos un millón de electores», dijo Mugica en una rueda de prensa en Londres.

El director de la empresa indicó que los números están a disposición de quien quiera revisarlos. «Lo que puedo asegurar es que las cifras oficiales y las que arrojó el sistema no concuerdan», sentenció. Agregó que su sistema está «diseñado para evidenciar cualquier manipulación pero deben existir personas observando el sistema y esperando por esas evidencias: los auditores». Y, según indicó, a diferencia de los otros ejercicios electorales «en esta elección no hubo auditores».

Un proceso «sin seguridad»

Con esa información, Julio Borges insistió en que «no solo ha ocurrido un fraude: es un delito que comienza por la propia cabeza del poder electoral», y pidió la apertura de un «proceso de protesta social» tras reiterar que «el país no puede tragarse» una Asamblea Nacional Constituyente elegida sin haber sido celebrado primero un referendo aprobatorio. Igualmente, lamentó «que se abrieron todos los candados para que no hubiera seguridad en ninguno de los procesos».

Borges, que además de presidente de la Asamblea Nacional es dirigente del partido Primero Justicia, se dirigió a los militares: «Sepan, oficiales de las Fuerzas Armadas, que los utilizaron para un fraude masivo, y eso tiene que retumbar en la conciencia de las Fuerzas Armadas porque no se puede permitir que hagan lo que les dé la gana con el pueblo venezolano». Una de las esperanzas opositoras radica en que los militares le den la espalda a Maduro. Por eso apelan a sus conciencias.

La confirmación de la «manipulación» es un espaldarazo a la oposición que optó, pese al respaldo obtenido en la consulta del 16 -J, por no presentar candidatos a la elección de la Asamblea Constituyente, porque de haberlo hecho habría aceptado la legitimidad de una votación que siempre consideraron una farsa.

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