Putin confía en poder seducir al presidente de EEUU

Muñecas rusas con las caras de Putin y Trump en Moscú. :: K. K. / afp

En su primer cara a cara, ambos mandatarios comprobarán si la admiración mutua sirve para remover obstáculos como Ucrania o Siria

RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ.

El presidente ruso, Vladímir Putin, es el único dirigente de los grandes países influyentes que no se ha reunido aún con el líder de la principal superpotencia, Donald Trump, seis meses después de la llegada de éste a la Casa Blanca. Por eso, Putin necesita cubrir el trámite del encuentro, sobre todo de cara a su propia ciudadanía. Hoy ambos se verán por fin las caras.

Después de la euforia con la que la cúpula rusa acogió la victoria de Trump, el Kremlin trabajó a fondo para organizar una cumbre pero ha habido que esperar medio año y todavía no está claro si la reunión de hoy tendrá la duración mínima que exigiría la cantidad de cuestiones acumuladas en unas relaciones completamente devastadas.

Rusia, y más concretamente el régimen de Putin, está en el centro del debate en EE UU por su presunta injerencia en los comicios presidenciales, la supuesta connivencia con el equipo de Trump y la labor de zapa de 'hackers' «patriotas» que el Kremlin dice no poder controlar. También por el apoyo militar a los separatistas del este de Ucrania, sus simpatías hacia el dictador sirio, Bashar el-Asad, y la tibieza con la que trata las bravuconadas de Corea del Norte.

Altos cargos de la Administración norteamericana, especialmente la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, y el secretario de Defensa, James Mattis, llevan tiempo lanzando puyas a Moscú. La semana pasada, Mattis denunció las «fechorías» que Putin perpetra «más allá de sus fronteras», en alusión al acoso que está sufriendo Ucrania. Ayer, Trump mostró en Varsovia una dureza inusual hacia Rusia al acusarla de «desestabilizar» el Este de Europa. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, le respondió señalando que «no estamos de acuerdo con ese enfoque».

En el terreno militar, son casi permanentes los incidentes entre aviones o barcos rusos y americanos en el Báltico, el Mediterráneo y el Mar Negro. El despliegue de la OTAN en el este de Europa está provocando un reforzamiento equivalente de fuerzas rusas en su frontera oeste. Y sin esperar a hablar con Putin, Washington reforzó la sanciones el mes pasado.

Los milagros de la química

Así que los rusos no son optimistas con los resultados que pueda arrojar la reunión de hoy. Aunque no lo ha dicho así, Putin confía en poder seducir a Trump. Sabe, por lo piropos mutuos que se han dispensado, que hay admiración entre ellos y que la química a veces hace milagros. Aunque la agenda que probablemente esté sobre la mesa está plagada de obstáculos. El más evidente es Ucrania, de cuya solución depende un eventual levantamiento de las sanciones.

Pero Putin no va a devolver Crimea ni parece proclive a ceder en su apoyo a los separatistas de Donetsk y Lugansk. En la cuestión norcoreana puede haber esfuerzos comunes, siempre queWashington renuncie a la fuerza y a aplicar más castigos. En Siria los puntos de vista son divergentes, pero tendrán que coordinar sus acciones militares para evitar disgustos que puedan llevar a una escalada de enfrentamiento entre ellos realmente peligrosa.

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