Putin amaga, pero no pega

Imagen de la ciudad de Duma, donde se produjo el supuesto ataque con armas químicas, facilitada por la agencia oficial siria. :: afp/
Imagen de la ciudad de Duma, donde se produjo el supuesto ataque con armas químicas, facilitada por la agencia oficial siria. :: afp

La capacidad de Rusia de revertir la tendencia en su contra en el teatro de operaciones sirio se empieza a perfilar como muy limitada

RAFAEL M. MAÑUECO MOSCÚ.

En una conversación telefónica mantenida ayer con su homólogo iraní, Hasan Rohaní, el presidente ruso, Vladímir Putin, repitió una vez más lo ya enunciado por toda la diplomacia rusa en las última horas, que la incursión aliada del sábado contra Siria, «un ataque contra un estado soberano», pone en peligro el Derecho Internacional y todo el sistema de relaciones a nivel global. «Un nuevo ataque de Estados Unidos contra Siria podría acabar sembrando el caos en las relaciones internacionales», convino Putin ayer con Rohaní, según el servicio de prensa del Kremlin. El líder iraní añadió que la incursión aliada «no debe quedar impune». Moscú y Teherán son los valedores del régimen de Bashar el-Asad y sus únicos soportes militares, además de Hezbolá, en su intento de recuperar la unidad territorial del país.

Pero, pese a las constantes amenazas y advertencias de Putin a Occidente, la capacidad de Rusia de revertir la actual tendencia en su contra en el teatro de operaciones sirio e incluso, tal vez, en el ucraniano, se empieza a perfilar como muy limitada. Parece como que el recurso al pataleo se presenta como el único al que el máximo dirigente ruso puede recurrir en la actual situación. Desde que Rusia decidió intervenir en Siria en apoyo de El-Asad, en septiembre de 2015, son muchos los recursos económicos y militares dilapidados y no pocos los rusos que se han dejado la vida. El daño asestado al dispositivo militar sirio tras los bombardeos del sábado suponen un importante debilitamiento que va a repercutir en Rusia. Pero la exhibición de misiles imposibles de interceptar que hizo Putin el 1 de marzo, en su discurso ante las dos cámaras parlamentarias, no ha logrado amedrentar a Occidente. El mandatario ruso sabe muy bien amagar, pero no termina de pegar.

Quien sí sigue golpeando y con fuerza es Estados Unidos a Rusia mediante todo tipo de sanciones. La última tanda de medidas fue anunciada por el Departamento del Tesoro norteamericano el pasado día 6 contra 26 personas y 12 empresas rusas, entre los que se encuentran los siete magnates más próximos al presidente Vladímir Putin y 17 altos cargos del Gobierno y la Administración del Kremlin. El resultado fue el desplome de los índices bursátiles rusos y un nuevo debilitamiento de la moneda del país, el rublo, que todavía no ha logrado recuperarse.

Más sanciones

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos dará hoy a conocer otro paquete más de sanciones contra Rusia, según la representante norteamericana ante la ONU, Nikki Haley, por su apoyo a El-Asad. Afectará a aquellas empresas rusas que suministren cualquier tipo de equipamientos al régimen sirio, en especial vinculados al empleo de armas químicas. Rusia respondió a la expulsión de 60 diplomáticos rusos de EE UU el mes pasado declarando persona non grata a la misma cantidad de funcionarios estadounidenses, pero todavía no ha adoptado ninguna represalia en relación con las sanciones que amenazan con hundir a siete oligarcas ruso, entre ellos, Oleg Deripaska, el «rey del aluminio».

El viernes fue presentado en el Parlamento ruso un proyecto de ley para contestar a las últimas sanciones de Washington y contempla la posibilidad de un embargo a productos agroalimentarios, alcohol, tabaco y medicamentos procedentes de Estados Unidos. Los opositores rusos ya han advertido de que tales contramedidas harán más daño a Rusia que a EE UU, sobre todo en lo relativo a las medicinas. Pero, ante el callejón sin salida que parece abrirse en el horizonte ruso, ya empiezan a escucharse algunas voces llamando a la reconciliación. El viceministro ruso de Exteriores, Serguéi Riabkov, afirmó ayer que Rusia hará todo lo posible para mejorar las relaciones con Occidente. Moscú continúa primando la necesidad de una cumbre entre Putin y su homólogo estadounidense, Donald Trump, ya que tal diálogo «será bueno, no sólo a nivel bilateral para Washington y Moscú, sino también para todo el mundo».

El responsable del Departamento de Control de Armas y no Proliferación del Ministerio de Exteriores ruso,Vladímir Ermakov, cree además que «hay que restablecer el diálogo estratégico» entre Rusia y Estados Unidos. A juicio de Vladímir Ermakov, tras los bombardeos aliados en Siria, los estadounidenses estarán interesados en volver a la cuestión de la reducción de armamentos como forma de lograr una distensión que aparte el peligro de una conflagración mundial.

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