La presión social vence en Armenia

Un grupo de manifestantes, en una protesta ayer en Ereván, la capital de Armenia. :: Vano Shlamov / afp/
Un grupo de manifestantes, en una protesta ayer en Ereván, la capital de Armenia. :: Vano Shlamov / afp

El primer ministro y expresidente, Serge Sargsián, dimite entre fuertes protestas tras reformar la Constitución para seguir en el poder

I. UGALDE

El expresidente de Armenia, Serge Sargsián, recientemente elegido primer ministro, presentó ayer su dimisión tras once días de protestas que han congregado a decenas de miles de personas. «Nikol Pashinián -líder opositor y de las movilizaciones- tenía razón y yo me equivoqué», reconoció el exmilitar de 63 años, cercado por la presión social y por las críticas de sus detractores tras reformar la Constitución para seguir en el poder luego de haber sido jefe de Estado durante una década.

Miles de manifestantes congregados ayer en la plaza de la República, en pleno centro de la capital armenia, estallaron en júbilo y aplaudieron al conocer la decisión de Sargsián. Su anuncio se produjo horas más tarde de la puesta en libertad de Pashinián, cuya detención el domingo sacó a las calles de Ereván a unas 100.000 personas. El líder opositor había encabezado las manifestaciones de repulsa que estallaron el pasado 13 de abril por el nombramiento del expresidente como primer ministro.

La oposición consideró la votación del Parlamento un trámite para perpetuar a Sargsián, sobre todo después de que se aprobara una reforma de la Carta Magna, que ha entrado en vigor este año, y en la que se recoge que Armenia deja de ser una república presidencial para convertirse en una parlamentaria. Por lo tanto, se refuerzan los poderes al primer ministro y se reserva al presidente un papel esencialmente honorífico. Al movimiento de contestación se ha sumado también el hecho de que los ciudadanos culpan al mandatario de no haber reducido la pobreza ni la corrupción, mientras los magnates siguen teniendo ventajas sobre la economía armenia.

LA CLAVEEl mandatario había sido jefe de Estado durante una década antes de ser elegido jefe de Gobierno

«Le deseo la paz a nuestro país», se despidió Sargsián al admitir que las masivas protestas eran contra su persona y constatar ayer que, lejos de amainar, el malestar se recrudecía. No en vano, a los miles de congregados en la capital se adhirió un grupo de militares a los que el Ministerio de Defensa ha amenazado con «persecuciones» por participar en una marcha antigubernamental. Entretanto, fue nombrado primer ministro interino Karén Karapetián, que ya había ocupado previamente ese cargo y ahora ejercía como viceprimer ministro primero.

El Kremlin sigue «de cerca la situación en Armenia», un «país extremadamente importante» para Rusia y «aliado muy cercano», según declaró Dimitri Peskov, portavoz del presidente, Vladímir Putin, que cuenta con dos bases militares en la ex república soviética. Sargsián guarda además una estrecha amistad con Putin y ha formado un bloque económico con Moscú.

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