Presión internacional para una mediación en Venezuela

MILAGROS L. DE GUEREÑO LA HABANA.

Si el Gobierno pensó que la liberación de Leopoldo López acabaría con las protestas opositoras se equivocó. Los cierres de calles y las marchas continúan en Venezuela, al igual que las intervenciones de los antidisturbios con gases lacrimógenos y chorros de agua y los allanamientos nocturnos. Una situación enquistada desde hace más de 100 días, que ha causado 94 muertos y preocupa en todo el mundo.

Un grupo de miembros del Parlamento Europeo difundió ayer una declaración pidiendo elecciones «plurales» y democráticas y advirtiendo de que no reconocerán una Asamblea Constituyente «ilegal». Por su parte, diversas personalidades se afanan en que se acepte una mediación como única salida para alcanzar un acuerdo que evite «una dictadura o una guerra».

«Insistimos en que las elecciones son la única manera democrática y pacífica de resolver la situación. Celebrar elecciones plurales daría realmente la palabra a la gente», rezaba el texto firmado por los presidentes de la Comisión de Exteriores de la Eurocámara, David McAllister; de la Asamblea Eurolat, Ramón Jáuregui, y de la delegación para el Mercosur, Francisco Assis.

Sobre la convocatoria para la Constituyente del día 30 que modificará la Carta Magna, señalaron que «este paso es inaceptable en la forma y en el contenido, lanza serias dudas sobre su constitucionalidad y amenaza los principios esenciales de la democracia como el voto universal, libre, directo y secreto». Según los eurodiputados, se puede hacer «mucho más» para frenar el conflicto por lo que piden a la UE y a organizaciones internacionales y regionales que apoyen «un proceso de mediación para alcanzar un acuerdo nacional, sin excluir otras medidas en caso de violación continuada y repetida de los derechos humanos».

En esa línea se pronunció el respetado jurista Pedro Nikken, expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que representa la voz de otras personalidades embarcadas en lograr una negociación. «Existe una gran polarización, por lo que se requiere una mediación que podría ser la de la Santa Sede», dijo. Nikken destacó la importancia de que el mediador actúe como portavoz único y de que tenga el apoyo de países o grupos de naciones que cuenten con el visto bueno de ambas partes.

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