Philippot abandona a Le Pen con sus viejos demonios

El Frente Nacional se fisura con la salida de su número dos y estratega de su 'desdiabolización'

FERNANDO ITURRIBARRIA CORRESPONSAL PARÍS.

De la crisis a la fractura, de la refundación a la ruptura. El Frente Nacional (FN) se fisura en la resaca por la derrota en las presidenciales y los decepcionantes resultados en las legislativas francesas de la pasada primavera. Florian Philippot, brazo derecho de Marine Le Pen desde hacía ocho años, anunció ayer su abandono del partido de extrema derecha de cuya estrategia de desdiabolización fue artífice; además de intransigente partidario de la salida del euro, el motivo de los fiascos electorales según sus numerosos detractores internos.

La causa formal del consumado divorcio fue la negativa de Philippot a renunciar a la presidencia del mini-partido Los Patriotas, que creó en mayo como laboratorio de ideas para contribuir a la transformación del FN prometida por Le Pen. La líder ultra le sancionó con la retirada de sus atribuciones como encargado de la estrategia y la comunicación del partido para quedarse como mero vicepresidente, un cargo protocolario vacío de contenido. «Me han dicho que soy vicepresidente de nada y no tengo ganas de hacer el ridículo», declaró en una entrevista televisiva con la cruz de Lorena en la solapa, símbolo del gaullismo que reivindicaba en una formación de raíces visceralmente hostiles al general De Gaulle.

El defensor de la línea estatista, social y soberanista denunció que el FN se ha visto «atrapado por sus viejos demonios» y que el proceso de refundación «en realidad oculta una marcha atrás terrible». En su punto de mira están los triunfantes partidarios de la histórica sensibilidad identitaria, liberal y antiinmigrantes que apuestan por una unión de las derechas reaccionarias. Philippot arrastra en su forzada salida a un puñado de afiliados como la eurodiputada Sophie Montel, dimisionaria tras 30 años de militancia. Pero el cisma no parece tan profundo como la escisión causada en 1998 por el entonces número dos, Bruno Mégret, que se fue con buena parte de los cuadros dirigentes.

Lejos de ver en el episodio el comienzo del fin, Marine Le Pen observó que «cada vez que se ha buscado enterrarle el FN ha resurgido más estructurado, potente y fuerte». Su pareja, el diputado Louis Alliot, opinó que el partido «va a conocer por fin el sosiego frente a un extremismo sectario, arrogante y vanidoso que intentaba amordazar nuestra libertad de debatir». Philippot paga los platos rotos de los reveses electorales de Le Pen, quien aspira a su sucesión en el congreso previsto en marzo, pierde el escudo protector ante su desafiante sobrina, Marion Maréchal-Le Pen, gran esperanza blanca de la extrema derecha francesa.

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