El pesimismo acompaña a Merkel en su segundo viaje a Washington

Angela Merkel con su vicecanciller, Olaf Scholz, ayer en el Bundestag. :: Axel Schmidt / reuters/
Angela Merkel con su vicecanciller, Olaf Scholz, ayer en el Bundestag. :: Axel Schmidt / reuters

La jefa del Gobierno alemán compartirá tres horas de trabajo, almuerzo incluido, con el mandatario estadounidense

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

La canciller federal alemana, Angela Merkel, afronta hoy el complicado reto de tratar de sintonizar con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien realiza una visita de trabajo en la Casa Blanca para convencerle, entre otras cosas, de que renuncie a aplicar los anunciados aranceles al acero y el aluminio a los países de la Unión Europea y no reviente el acuerdo nuclear con Irán suscrito por las cinco potencias con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania. Sin embargo, antes de la partida de Merkel, el pesimismo era patente en la capital alemana.

El Gobierno de Berlín es consciente de que lo que no haya conseguido el presidente francés, Emmanuel Macron, en su visita de Estado de tres días a Washington, difícilmente lo va a lograr Merkel en las tres horas que tiene previsto compartir, almuerzo incluido, con el máximo mandatario norteamericano. Y también de que Merkel difícilmente podrá congeniar con Trump como lo ha hecho Macron esta semana. Merkel parece ser además un cúmulo de defectos a ojos del presidente estadounidense: mujer, intelectualmente superior y con el bagaje de una docena de años al frente del Gobierno del país más rico de Europa.

Los malos augurios para la visita de Merkel a Washington no solo se deben a que Macron regresó a París prácticamente con las manos vacías. Wess Mitchell, secretario de Estado para Europa en el ministerio de Exteriores de EE UU, viajó recientemente a Berlín para preparar el encuentro entre Merkel y Trump y advirtió, según revela el digital Spiegel Online, de que a su máximo superior le interesan actualmente dos temas en las relaciones con Alemania: que el Gabinete de Merkel incremente sustancialmente sus presupuestos de defensa para cumplir con el objetivo del 2% de la OTAN, y la posible exigencia de que Berlín suspenda el proyecto en marcha para la construcción del gasoducto germano-ruso Nord Stream 2 a través del Báltico. Spiegel Online aseguraba ayer que las advertencias de Mitchell fueron asumidas en Berlín como una amenaza descarada y que el equipo de la canciller se ha devanado estos días los sesos para buscar la manera de contentar a Trump y a su nuevo asesor de seguridad, John Bolton.

Todo para evitar que el nuevo encuentro en Washington entre la canciller federal y el presidente de EE UU acabe tan mal como el primero, en el que Trump no quiso ni estrechar la mano de Merkel ante las cámaras de televisión. Alemania ha incrementado apreciablemente sus presupuestos de Defensa y el reciente acuerdo de coalición contempla un aumento del gasto militar en dirección a ese 2% del PIB, pero la economía alemana es tan boyante que no hace sino alejarse de ese objetivo. Y en lo que se refiere al estratégico gasoducto, cuyo cierre podría plantear Trump para aumentar la presión sobre Rusia y para vender su gas licuado, Merkel tiene las manos atadas. Los permisos para su construcción, iniciada por su antecesor Gerhard Schröder, están concedidos y Alemania tiene un interés vital en su funcionamiento para garantizar el suministro energético.

Seria, dura, pero cercana

Comercio, Irán, OTAN y energía serán los temas centrales del nuevo encuentro entre la canciller federal y el presidente estadounidense, que desde su primera cita en marzo de 2017 no han logrado desarrollar una relación armónica. Para los observadores políticos en Berlín está claro, sin embargo, que Merkel debe buscar el acercamiento a Trump aunque le produzca náuseas.

La canciller federal sabe que no puede copiar a Macron y su «gran espectáculo de la amistad» con motivo de su visita a Washington, como comentan medios alemanes, pero debe aprender de su estrategia. Para los analistas germanos, Macron ha conseguido ante Trump, a base de besos y abrazos, dejar claras sus posiciones y diferencias de manera inequívoca, una doble estrategia que debe aprovechar Merkel. Por eso aumentan las voces en Berlín que reclaman de la líder conservadora alemana que se ponga seria y dura y plante cara a la política egoista e insolidaria de Trump.

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