Un pastor contra los abusos a los trabajadores en la industria textil

D. MENOR ENVIADO ESPECIAL DACA.

Benjamín Gómez es un tipo valiente. Este misionero javeriano español lleva desde hace 25 años en Bangladés trabajando con la población tribal de Mymensingh, una región situada a unos 70 kilómetros al norte de Daca donde las multinacionales que acuden en busca de mano de obra barata están provocando un fuerte impacto en la vida de los indígenas.

«Mi situación es muy difícil. Tengo problemas serios por defender las tierras de la gente que nació y vivió siempre allí, pero que nunca tuvieron escrituras ni registros para demostrar que son los propietarios. Para eso se necesita ayuda económica y abogados. Al final se quedan estos terrenos por cuatro perras los poderosos», lamenta Gómez.

En esos lugares abren fábricas textiles donde los obreros reciben un salario de entre 55 y 70 euros al mes por jornadas laborales de hasta doce horas al día. «En Bangladés unos pocos se están haciendo ricos a costa de mucha gente», denuncia este sacerdote que llevó a la misa presidida ayer por el Papa en Daca a los alumnos de las 21 escuelas que ha puesto en marcha en la zona.

Aunque este país del sureste asiático está dando pasos adelante para salir de la extrema pobreza, es en parte a costa de la explotación laboral. «Las condiciones no son buenas. Los salarios son muy bajos, las jornadas muy largas y no hay apenas presencia sindical», se queja Shamina Nasrin, presidente de la Federación de Trabajadores Textiles de Bangladés. En las fábricas de esta nación se producen parte de las prendas que luego venden marcas tan conocidas como Mango, Zara, El Corte Inglés, Springfield, Benetton, Primark o H&M.

«Cuando tuvo lugar la tragedia del Rana Plaza se dijo que la situación iba a mejorar, pero no ha sido así», lamenta Nasrin, refiriéndose a la muerte de 1.134 personas al derrumbarse en Daca la factoría textil donde trabajaban, en abril de 2013. Entonces se anunció la puesta en marcha de un protocolo para el cobro de indemnizaciones y la mejora de las condiciones laborales en el que apenas se ha avanzado, según denuncia la campaña 'Ropa Limpia'.

Durante su estancia en Bangladesh al Papa le hubiera gustado visitar los restos del Rana Plaza y encontrarse con los familiares de las víctimas.

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