El papelón de Stoltenberg en la OTAN

El secretario general se ve obligado a buscar complejos equilibrios para contentar a todos

A. LORENTE BRUSELAS.

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el puesto de secretario general de la OTAN se ha convertido en un auténtico papelón. Por un lado, se trata de contener la furia del presidente estadounidense y, por el otro, convencer con mano izquierda a grandes potencias como Alemania para que intenten llegar al sacrosanto 2% del PIB que fue fijado en la cumbre de 2014 y que debería alcanzarse como muy tarde en 2024. Por si no era suficiente, Trump redobló ayer el órdago y propuso alcanzar el 4%. Preguntando por ello, incluso dejó escapar un ligera sonrisa de impotencia y desesperación para asegurar que «primero lleguemos al 2% y luego, ya se verá». «Es verdad que ha habido desacuerdos entre los aliados, pero prefiero quedarme con los acuerdos», subrayó.

Porque los hubo. Sí, parece increíble pero es así. Por ejemplo, las conclusiones de esta primera jornada estuvieron firmadas por todos, algo que no ocurrió en el G-7, cundo Donald Trump las rompió en mil pedazos indignado con Canadá. Ayer, todo fue diferente. «En la historia de la OTAN hemos tenido muchos desacuerdos y hemos sido capaces de superarlos una y otra vez. Al fin y al cabo todos estamos de acuerdo en que la OTAN es buena para Europa y es buena para América del Norte», recalcó el también ex primer ministro noruego.

En su declaración, los aliados reafirmaron su «inquebrantable compromiso con todos los aspectos» de la promesa que hicieron en la cumbre de Gales de 2014 y celebraron los progresos realizados desde esa fecha. «Estamos comprometidos a mejorar el equilibrio de reparto de los costes y responsabilidades correspondientes a ser miembro de la Alianza», subrayaron. Es decir, que todos alcancen el 2% el PIB en 2024.

El secretario general aliado recordó que el reparto de la carga no sólo se refiere al «dinero» que deben invertir los países, sino también a las «contribuciones» y las «capacidades». «Debe gastarse bien», dijo. Una frase que seguró gustó a España porque es una de sus grandes peticiones.

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