El Papa pide perdón por equivocarse al valorar los abusos sexuales en Chile

Francisco reconoce haber incurrido en graves errores y anuncia medidas para revertir la crisis de la Iglesia del país latinoamericano

DARÍO MENOR CORRESPONSAL ROMA.

El viaje que el papa Francisco realizó el pasado enero a Chile fue sin duda el más complicado en sus cinco años de pontificado debido a las profunda crisis que vive la Iglesia de ese país por los escándalos de abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos. Aunque pidió perdón por lo sucedido y se reunió con algunas víctimas, durante su estancia en la nación latinoamericana Jorge Mario Bergoglio no dejó de apoyar al polémico obispo de la diócesis de Osorno, Juan Barros, sospechoso de encubrir al sacerdote pederasta Fernando Karadima. Incluso calificó las acusaciones en su contra de «calumnias» e indicó que no existía ni «una sola prueba en su contra».

Las continuas protestas que jalonaron su estancia en Chile consiguieron, no obstante, que Francisco empezara a plantearse su postura y una semana después de regresar a Roma envió al país austral a dos expertos del Vaticano en el tratamiento de abusos para que se entrevistaran con las víctimas e investigaran lo sucedido. Después de leer el informe de sus enviados especiales, el Papa dio un significativo paso en la noche del miércoles, cuando publicó la carta que ha enviado a los obispos chilenos en la que pide perdón a las víctimas y reconoce que ha metido la pata.

«He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada», dice Francisco en la misiva, en la que anuncia medidas a «corto, medio y largo plazo» para revertir la difícil crisis que vive la Iglesia chilena. Anuncia además que se reunirá en las próximas semanas en Roma tanto con los obispos de aquella nación como con las víctimas.

Audiencia privada

En Chile fueron muy bien acogidas sus palabras. Entre los que podrían acudir al Vaticano para entrevistarse con Bergoglio están Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, tres de las víctimas de Karadima. Estos supervivientes de abusos reconocieron que habían recibido una invitación para hablar con Francisco en Roma, asegurando que valoran acudir al encuentro. Ninguno de ellos estuvo entre el grupo de víctimas con las que el Pontífice se reunió durante su estancia en Chile.

Junto a los laicos de la diócesis de Osorno, Cruz, Hamilton y Murillo encabezaron las manifestaciones durante la visita del Papa a su país, en protesta porque el obispo Barros no hubiera sido cesado de su puesto. La jerarquía eclesiástica siempre les trató con desprecio e incluso el Papa dijo en una conversación informal en Roma con un grupo de fieles chilenos no fueran «tontos» al dejarse engañar por «zurdos», en referencia a políticos de izquierdas.

En su carta de antes de ayer, un apesadumbrado Francisco reconoce que las actas de sus enviados ofrecen testimonios «descarnados, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza». En Chile la misiva ha sido interpretada como un posible adelanto del eventual cese de Barros. También el actual nuncio apostólico en Santiago está en el punto de mira.

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