El Daesh extiende el terror entre los refugiados

Un policía y un militar iraquí celebran la victoria de Mosul. :: Reuters
Un policía y un militar iraquí celebran la victoria de Mosul. :: Reuters

Los yihadistas del Estado Islámico, tras su derrota en Mosul, se vengan con atentados suicidas en los campos de desplazados abiertos en Irak

MIKEL AYESTARAN ENVIADO ESPECIAL KALAK (IRAK).

Mientras el Ejército de Irak se prepara para la victoria definitiva en Mosul, el grupo yihadista Estado Islámico (EI) extendió su campaña de terror a los campos de desplazados. Al menos 16 civiles murieron ayer en el ataque suicida en el campo 'El kilo 60', al este de Bagdad. Los yihadistas aseguraron a través de un comunicado que fue «una operación contra las fuerzas de apóstatas», en referencia a la fuerte presencia de chiíes, considerados herejes por el EI, entre las tropas. Pero los muertos fueron los civiles que encontraron allí refugio huyendo de los combates.

La ofensiva de Mosul deja cientos de miles de desplazados, que viven ahora en campos levantados en Irak y en la región autónoma kurda (KRG). La irrupción de califato ahondó en la crisis de desplazados internos desde 2003. Suman 3,2 millones, repartidos en más de 3.000 lugares, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para el Refugiado (ACNUR).

En valles como el de Khazer, a 40 kilómetros de la que ha sido la capital del EI y bajo control kurdo, se han tenido que levantar cinco campos para poder dar cobijo a los que huyen. La Barzani Charity Fundation gestiona los campos de Khazer y Rzgar Obed es el encargado de velar por la atención de 72.176 personas. «Con el final de la operación militar en Mosul algunos ya han vuelto a los barrios del este, que están más tranquilos, pero la mayoría se queda porque aquí nadie sabe lo que vendrá después del califato y puede ser aún peor. Hay mucha ansia de venganza», lamenta este profesional. En el mapa de su despacho se observa que Mosul está rodeada de decenas de campos. «Los únicos lugares donde hay vida en mitad de ciudades y aldeas arrasadas», apunta Obed.

La oficina del responsable del organismo kurdo está en el campo de Hasam Sham U3, a unos 40 kilómetros de Mosul. Durante el día el termómetro roza los cincuenta grados y dentro de las tiendas no se puede aguantar. Amar Khazal pasa las horas a la sombra de las grandes cisternas de agua, pero allí también el calor es insoportable, pese a todo «mejor este infierno que aguantar más tiempo al EI», bromea este joven de 25 años que no tiene a dónde regresar porque su casa es ahora puro escombro. A su lado, Farez Awad denuncia que «algunos de nosotros no somos de Mosul, venimos de pueblos que están al lado del campo, pero que ahora han quedado bajo control kurdo y no permiten que los árabes regresemos».

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