Orban encarrila su tercer mandato en Hungría

El primer ministro conservador busca un nuevo triunfo electoral como azote de los inmigrantes y con una oposición fragmentada

Bajo un fino revestimiento de democracia, Viktor Orban se encamina hoy a conseguir en las urnas su tercer mandato en Hungría. Conocido por su autoritarismo, sus salidas de tono y su 'cruzada' contra los inmigrantes y refugiados, este abogado de profesión y padre de cinco hijos es ya a sus 54 años el mandatario más veterano de toda la UE, solo precedido por la canciller alemana, Angela Merkel. Hoy, salvo sorpresas, las urnas le otorgarán al primer ministro conservador un nuevo triunfo en un país donde la fragmentada oposición ha concedido a su partido, Fidesz, una autoridad aplastante.

El panorama se presenta halagüeño para Orban, a quien los sondeos otorgan una ventaja de 20 a 30 puntos. Solo tendría que movilizar a sus simpatizantes, que sumarían alrededor del 35% de los ocho millones de censados. Con ese apoyo, podría volver a tener mayoría en el Parlamento debido a la división de los partidos opositores. El mejor posicionado para el segundo puesto es el ultraderechista Jobbik, que contaría con algo menos del 20% de los votos tras dar un giro hacia el centro para captar a moderados. Terceros en liza sería la plataforma de izquierdas compuesta por el partido Párbeszéd y los socialistas del MSZP, con el 17% de los sufragios.

En lo que coinciden la mayoría de los analistas es que si gana Orban, su triunfo sería más ajustado que el de 2014, cuando alcanzó el 44% de los votos. La razón está en el creciente rechazo popular al mandatario, que define su sistema como «iliberal» porque coarta libertades en nombre del interés nacional. No obstante, parece difícil que encaje un revés como el de finales de febrero, cuando el Fidesz perdió una elección parcial municipal al unirse la oposición en torno a un candidato. A nivel nacional algo así es impensable, si bien ultraderechistas e izquierdistas acceden a colaborar en el nuevo Parlamento si el partido gobernante, con el que se niegan a pactar, es derrotado.

Hungría es un país de curiosos contrastes y, como tal, destaca en el club comunitario. Luce, como pocos, unos envidiables y saludables indicadores económicos. Según los números oficiales, el desempleo es de solo el 3,8%; la deuda pública se sitúa en el 74,5%; la inflación alcanza el 2,4%, y la previsión de déficit del Producto Interior Bruto (PIB) para este año es del 2,4%. Con semejantes resultados cuesta pensar que, paradójicamente, en el Estado magiar un tercio de su población -el 32%- esté sumida en la pobreza, el doble que la media de la UE, como alerta un informe de Eurostat.

La explicación es sencilla si se mira la letra pequeña de la política que ha tejido Orban desde 2010 y que ha conducido a más desigualdades. Solo por citar algunos ejemplos, en Hungría -donde el sueldo medio es de 722 euros al mes- existe una única tasa en el sistema fiscal, del 15%, que según denuncian los analistas, perjudica a los más pobres porque redistribuye la riqueza hacia las clases más altas. Todo ello sumado a la agravante de tener un IVA del 27%, el más alto de toda la Unión.

Las preocupaciones

En ese panorama, no es de extrañar que para los 9,8 millones de húngaros, la primera preocupación sea la precaria situación en la que viven, sobre todo la mala calidad de la sanidad pública. El segundo quebradero de cabeza es la corrupción. Sin embargo, para Orban el mayor problema es la inmigración. Este ha sido su caballo de batalla en una campaña plagada de tintes racistas y xenófobos. Quiere acabar con la llegada de refugiados y maniatar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales. Para ello ha diseñado ya un paquete de medidas que espera aprobar si es reelegido. Las ha bautizado 'Stop Soros', en alusión al magnate estadounidense de origen húngaro George Soros que apoya a las ONG y es su principal enemigo político.

Para Péter Krekó, director del Instituto Political Capital en Budapest, está claro que detrás de esa dura postura antimigratoria hay también una intención de «distraer». «Orban debe gritar más fuerte que las críticas por corrupción», señala, al citar los diversos escándalos que golpean al Fidesz. Uno de los últimos implica al yerno del primer ministro. La Oficina Antifraude de la UE (OLAF) señala que István Tiborcz estaría involucrado en prácticas irregulares con fondos comunitarios que consistirían, según la web 24.hu, en asegurarse contratos para su empresa sin competir con firmas rivales. La Comisión Europea -a la que Orban ha comparado con la URSS- denuncia que en Hungría «el volumen de fraudes supera el promedio europeo».

Aun así, Krekó está seguro de que el primer ministro sobrevivirá a la corrupción ya que, además de cambiar la Carta Magna desde que llegó al poder hace ocho años, controla el Tribunal Constitucional, la Auditoría Nacional y a buena parte de la prensa tras aprobar una 'ley de medios', conocida como «ley mordaza». «Ya no hay posibilidad de reclamar nada. Hasta la Fiscalía está en su bolsillo», lamenta.

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