Once horas para cambiar el mundo

El líder norcoreano, Kim Jong-un, salió anoche del hotel donde estaba alojado para dar un paseo nocturno por Singapur. :: afp/
El líder norcoreano, Kim Jong-un, salió anoche del hotel donde estaba alojado para dar un paseo nocturno por Singapur. :: afp

Donald Trump y Kim Jong-un celebran en Singapur una cumbre histórica para la paz entre las dos Coreas

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Ha llegado el día. Donald Trump y Kim Jong-un se reúnen esta mañana en Singapur con el peso de la historia sobre sus hombros. En sus manos está propiciar la firma de la paz en la península de Corea y llevar estabilidad al continente asiático. Los líderes de Estados Unidos y de Corea del Norte son conscientes de la trascendencia de su encuentro, y así lo han hecho saber desde que aterrizaron en la ciudad-Estado del sudeste asiático. «Todo el mundo tiene la vista puesta en esta cumbre», afirmó Kim el domingo en una reunión con el primer ministro singapurense, Lee Hsien Loong. Y prueba de su compromiso es que ayer la prensa oficial norcoreana dio cuenta de la cita. «La excitación está en el aire», tuiteó ayer, fiel a su estilo, Trump.

Ambos son conscientes también de que tendrán que hacer concesiones para estar a la altura de la responsabilidad histórica que tienen y lograr que la paz se convierta en una realidad. En la consecución de este último objetivo, la desnuclearización de Pyongyang va a ser el mayor escollo: Estados Unidos exige que sea «completa, verificable, e irreversible», mientras que el régimen comunista parece preferir un proceso más pausado y recompensado a cada paso con concesiones económicas. Es más, puede que Kim incluso plantee que se le permita a su país mantener infraestructura nuclear con fines pacíficos, para generar la energía que requerirá el proceso de desarrollo que parece dispuesto a iniciar.

Trump y Kim discutirán también la posibilidad de poner fin a la Guerra de Corea (1950-53), que se cerró con el punto y seguido de un armisticio. El presidente surcoreano, Moon Jae-in, ya ha afirmado en varias ocasiones -incluidas las dos reuniones que ha mantenido con Kim- que está dispuesto a redactar un tratado de paz definitivo que ponga punto final a la contienda. El mandatario norcoreano ha respondido afirmativamente con palabras y con hechos: el pasado día 24 hizo volar por los aires las instalaciones utilizadas para probar sus bombas atómicas.

«Futuras negociaciones»

Es evidente que voluntad política hay. El primer ministro Lee, que ayer se vio también con Trump, así lo confirmó en una entrevista con CNN. «Kim es un líder joven y seguro de sí mismo que quiere abrir un nuevo camino. Lo complicado es cómo lograr un acuerdo y determinar hasta dónde quiere llegar. Pero muestra de que está dispuesto a intentarlo es que se va a ver con Donald Trump». Y el presidente americano también parece por la labor. Ayer, su secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció que está dispuesto a ofrecer «las garantías de seguridad necesarias para que Corea del Norte se desnuclearice».

Aunque Pompeo no detalló cuáles son esas garantías, que seguramente incluirán la promesa de no agredir al régimen de Kim, sí añadió que su Ejecutivo está dispuesto a proporcionar a los líderes de Pyongyang «la certeza suficiente para que se sientan cómodos con la desnuclearización» y «garantías que América nunca antes ha ofrecido». Finalmente, el secretario de Estado afirmó que espera que la cumbre «siente las condiciones adecuadas para futuras negociaciones».

Independientemente del resultado que vaya a tener la reunión, que concluirá a primera hora de la tarde, que se esté celebrando ya parece un milagro. No en vano, hace menos de un año, Kim amenazaba a Estados Unidos con una guerra nuclear -publicó incluso un plan para atacar la isla de Guam, en el océano Pacífico- y Trump le respondía llamándole 'hombre cohete' y afirmando que su botón nuclear es más grande. Después del inesperado giro hacia la concordia que dio Kim en el discurso de Año Nuevo, el presidente americano continuó dudando de sus intenciones, incluso canceló por carta la cumbre hace solo un par de semanas, cuando ya se había confirmado. Ayer, sin embargo, Trump se mostró entusiasmado con el encuentro y feliz con la tarta que le ofrecieron como anticipo de su 72 cumpleaños, que celebrará el jueves.

Pero no todos están tan contentos con la cumbre. Los defensores de los derechos humanos reclaman que Trump no se centre únicamente en las armas nucleares y que presione también para lograr cambios en el propio régimen, que gobierna con mano de hierro uno de los países más pobres de Asia. Human Rights Watch (HRW), una de las ONG más críticas con el encuentro, recordó ayer que, según una ley aprobada en 2016, «el presidente está obligado a investigar y a sancionar a personas y entidades cómplices en los abusos de los derechos humanos en Corea del Norte». No obstante, parece que hay pocas posibilidades de que este tema de conversación prospere.

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