«Te ofrecen información sobre tu oponente y la coges», alega Trump

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Arrepentirse y pedir disculpas, la clásica fórmula de la política estadounidense para resolver traspiés, no forma parte del universo Trump. Lo que se lleva ahora es pretender que cualquier ofensa es lo más normal del mundo y echarle la culpa a la prensa o a Obama. En esa línea, Donald Trump sostiene que la decisión de su primogénito de conspirar con un Gobierno extranjero para influir en las elecciones «es lo que la mayoría de la gente hubiera hecho. Te ofrecen información sobre tu oponente y la coges», dijo ayer en París. «La prensa lo ha magnificado. Es un gran muchacho».

Espantados, republicanos y demócratas han insistido en que cualquiera de ellos hubiera marcado inmediatamente el teléfono del FBI si les hubieran ofrecido información de un Gobierno hostil. El exvicepresidente Al Gore hizo esa llamada cuando alguien mandó a sus oficinas el libreto de preparación de George W. Bush para el debate presidencial. «La política no es el negocio más agradable del mundo», justificó Trump, pero hasta que él llegó había ciertas reglas de decoro que ha enterrado en letras doradas.

La familia del magnate neoyorquino maneja la presidencia como los negocios inmobiliarios que hacía con mafiosos de medio mundo. Todo vale. En algunos casos se columpia peligrosamente por la legalidad, amparada por la mayoría republicana en el Congreso y blindada por un ejército de abogados. Dicen que los de Jared Kushner son los mejores. También es el que más los necesita. Ayer se supo que, siguiendo los consejos de estos, ha entregado la tercera enmienda a la declaración jurada que proporcionó a las autoridades cuando fue nombrado asesor del presidente y solicitó permiso para revisar información altamente clasificada.

En esta enmienda se añaden más de cien contactos con gobiernos extranjeros que había omitido originalmente, entre ellos uno con el embajador ruso Sergei Kilsyak y otro con la abogada de Moscú que ha puesto en evidencia la naturaleza de Donald Trump Junior. «Un buen muchacho», insistió su padre. «Yo probablemente hubiera hecho lo mismo». Desde el Elíseo Trump insistió en que Natalia Veselnitskaya «no es una abogada del Gobierno ruso», a pesar de que a su hijo se la presentaron así en los correos electrónicos que ha hecho públicos. «Fue una reunión muy, muy rápida, en la que hablaron de adopciones y otras cosas», dijo restándole importancia al asunto.

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