«Nunca la Amazonía ha estado tan amenazada», alerta Francisco

Francisco estrecha la mano de un indígena en su encuentro en la Amazonía. :: Henry Romero / REUTERS/
Francisco estrecha la mano de un indígena en su encuentro en la Amazonía. :: Henry Romero / REUTERS

El Pontífice rompe el protocolo y dedica la primera jornada de su visita a Perú a visitar a los pueblos indígenas

DARÍO MENOR LIMA.

Cuando el Papa visita un país lo habitual es que comience su agenda reuniéndose con el presidente de turno y ofreciendo a las autoridades un discurso de marcado carácter político en el que fija su posición sobre los mayores problemas que, a su juicio, tiene ese Estado. No es lo que ha ocurrido en Perú. En una nueva muestra por su preocupación por los indígenas y, en particular, por la situación de la Amazonía, Francisco dedicó ayer su primer encuentro en territorio peruano a los pueblos de esta amenazada región. «Quise empezar por aquí», reconoció. La cita fue en Puerto Maldonado, una localidad de la selva donde denunció que «nunca» los pueblos amazónicos han estado «tan amenazados en sus territorios» como ocurre ahora.

Fue vibrante la reunión de Jorge Mario Bergoglio con unos 4.000 indígenas en el Coliseo Madre de Dios de esta localidad de unos 75.000 habitantes que nunca antes había recibido a un obispo de Roma. Francisco se los metió en el bolsillo desde el principio llamando por su nombre a más de veinte tribus, cuyos miembros le respondieron con música, bailes y sonrisas por doquier. Aprovecharon además que tenían delante a una figura mundial de la talla del Papa y la presencia de cientos de periodistas para denunciar la situación que vive su tierra.

«En la actualidad muchos foráneos invaden nuestros territorios: los cortadores de árboles, los buscadores de oro, las compañías petroleras, los que abren trochas para construir caminos de cemento», lamentaron Héctor Sueyo y Yésica Patiachi, de la tribu Harakbut. Estas actividades, en muchas ocasiones ilegales, se llevan a cabo sin consultar a estos pueblos originarios, que «sufren mucho y mueren» cuando sus ríos quedan convertidos en «aguas negras de la muerte» por la actividad minera.

«Le pedimos que nos defienda», le dijeron los indígenas al Papa, denunciando a los «foráneos» que les ven «débiles» y tratan de quitarles sus tierras. «Si lo consiguen, podemos desaparecer», añadieron. Bergoglio, que dedicó a la protección del medioambiente su encíclica 'Laudato Si' y ha convocado un Sínodo sobre la Amazonía en 2019, estaba en su salsa y repartió golpes a uno y otro lado. Advirtió primero sobre la «fuerte presión» que ejercen los intereses económicos por su «avidez» con el petróleo, el gas, la madera, el oro y los monocultivos agroindustriales.

Luego cargó contra una forma de entender la conservación de la naturaleza equivocada, a su modo de ver por no tener en cuenta a los pueblos que allí viven. «Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonía como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes», dijo.

En juego la vida del planeta

Ejerció de maestro de ceremonias el obispo vitoriano David Martínez de Aguirre Guinea, vicario apostólico de Puerto Maldonado, que destacó la histórica presencia de misioneros y presbíteros junto a los pueblos amazónicos con «aciertos y equivocaciones». Hoy la Iglesia católica coordina su trabajo en la región a través de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), cuyo secretario, el ecuatoriano Mauricio López, advirtió de que en esta tierra está en juego «la vida de todo el planeta». López destacó la gran afinidad que sienten los pueblos indígenas con el papa Francisco. «Percibimos una verdadera gratitud por la claridad y valentía con la que ha ido colocando sus reinvindicaciones en diversos foros internacionales», aseguró, apuntando que esa admiración se da incluso entre las tribus que no han abrazado el cristianismo. «Su naturalidad y capacidad para tender puentes y tocar corazones ha permitido que muchos pueblos indígenas se sientan ahora escuchados y afirmados».

Además del problema medioambiental, existe para el secretario de la Repam otra amenaza añadida sobre la población amazónica: la «colonización cultural y simbólica que hace que paulatinamente se pierdan los rasgos más potentes de su espiritualidad». Bergoglio, que almorzó en Puerto Maldonado con once indígenas, se refirió a este problema al pedir políticas educativas que respeten su idiosincrasia y alertar sobre los graves efectos sociales provocados por la destrucción ambiental de la Amazonía. Citó en particular la explotación y violencia sexual femenina, fruto de «una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades».

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