Nuevos enigmas sobre la muerte de Kennedy

John F. Kennedy y la primera dama Jacqueline Kennedy desfilan por Dallas. :: reuters/
John F. Kennedy y la primera dama Jacqueline Kennedy desfilan por Dallas. :: reuters

Los 2.800 documentos publicados no contienen grandes revelaciones e introducen más dudas

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL

nueva york. ¿Qué hacía Lee Harvey Oswald en la embajada soviética de Ciudad de México mes y medio antes de asesinar al presidente? ¿Le habían encargado los rusos matar a Kennedy, o tal vez la CIA? Historiadores y conspiracionistas habían aguardado pacientemente el cuarto de siglo que dio el Congreso a las agencias de inteligencia para redactar los documentos que quedaban en los Archivos Nacionales antes de hacerlos públicos. Sin embargo la decisión de Donald Trump de prorrogar la espera seis meses más y desclasificar entre tanto una mínima parte sólo ha servido para alimentar más las sospechas.

Trump se lo había prometido por Twitter a sus votantes: «Transparencia sin precedentes». El 61% cree en las teorías de la conspiración, como él mismo. Entre ellos, su asesor político Roger Stone, autor del libro 'El hombre que mató a Kennedy', en el que acusa a su vicepresidente Lindon B. Johnson de haber encargado su muerte para quedarse con el poder. Stone convenció a Trump para que autorizase la publicación total de esos documentos que, a su juicio, no pueden hacer daño a nadie «porque ya no queda nadie con vida». Con todo, advirtió que no podía garantizar que no sucumbiera a las presiones de la CIA y el FBI, como así fue. El miércoles, mientras los expertos aguardaban su vellocino de oro, Trump claudicó. La CIA dispondrá de otros seis meses.

Los 2.800 documentos hechos públicos entre tanto suponen menos del 1% del total, pero podían haber arrojado luz a las incógnitas más comunes, de no haber estado tan censurados. Cuando el abogado David Belin, de la Comisión Warren, pregunta si hay alguna información relacionada con el asesinato de Kennedy que muestre «de alguna forma» que Lee Harvey Oswald era «de alguna manera agente de la CIA o agente...», el documento se corta. Ni siquiera se acaba la frase.

¿Tal vez agente del FBI? ¿O de la KGB, como creen muchos historiadores? ¿Por qué no quisieron las agencias de inteligencia que eso no se supiera este miércoles, 54 años después del asesinato de Kennedy? Según Trump, su publicación hubiera causado «un daño irreversible» a la seguridad nacional.

Complicidades

Los que aguardaban con impaciencia pasaron la noche con la nariz pegada a un mosaico de miles de páginas con memorandums del FBI, notas de la CIA, reuniones secretas con mafiosos cubanos que planeaban el asesinato de Fidel Castro, entrevistas con una 'striper' y sesiones clandestinas del Partido Comunista. Todos estos y más habían caído en la telaraña de las investigaciones.

Al cineasta Oliver Stone le hubiera gustado saber que el director del FBI Edgard J. Hoover estaba furioso con la Policía de Dallas, porque ya les había advertido que la seguridad de Oswald dejaba mucho que desear. La vida del pistolero que mató a Kennedy era fundamental para evitar que el asesinato del presidente diera pie a todo tipo de teorías de la conspiración, como ha sucedido. Hoover sabía que le salpicaría y no lo pudo evitar.

«Anoche recibimos una llamada en nuestra oficina de Dallas. Un hombre con voz calmada dijo que era miembro del comité organizado para matar a Oswald», le advirtió al jefe de Policía de Dallas. Este le aseguró que el detenido estaba bien custodiado. «Esta mañana he vuelto a llamarle para advertirle de la posibilidad de que haya esfuerzos contra Oswald y me ha asegurado que se le dará suficiente protección».

Según los papeles el líder soviéto Nikita Krushchev estaba convencido de que la Policía de Dallas había sido cómplice no solo en la muerte de Oswald sino en la de Kennedy. Las notas de Hoover también confirman, de camino, los devaneos de Marilyn Monroe con los Kennedy.

Hubo también otras llamadas misteriosas «de extraña coincidencia». Un periodista británico recibió una llamada anónima avisándole de que se pusiera en contacto con la embajada de EE UU sobre una «importante noticia». A los 25 minutos Kennedy fue asesinado en la plaza Dealey. Los más preocupados fueron los miembros del Partido Comunista, que temieron que les echaran la culpa. Los cubanos, que extrañamente conocían «la buena puntería» de Oswald, siguieron maquinando la muerte de Fidel Castro: 150.000 dólares era mucho, mejor dejarlo en 100.000.

El Comité Selecto de la Cámara baja no creyó que estuvieran implicados, ni ellos, ni los rusos, pero a diferencia de la Comisión Warren decidió que la muerte del presidente «probablemente fue el resultado de una conspiración». Para tener más pistas habrá que esperar al último lote del 26 de abril, si Trump no cambia de opinión.

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