Los nicaragüenses creen que solo la Iglesia católica puede lograr la marcha de Ortega

Varios jóvenes vigilan una barricada construida con adoquines en unos de los principales accesos a Managua. ::  Jorge Cabrera / REUTERS/
Varios jóvenes vigilan una barricada construida con adoquines en unos de los principales accesos a Managua. :: Jorge Cabrera / REUTERS

Los obispos trasladan al presidente «el dolor y la angustia» del pueblo ante la violencia y le urgen a un diálogo para democratizar del país

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

la habana. La respuesta al pulso entre los obispos de Nicaragua y Daniel Ortega para la democratización debía conocerse ayer tarde. La oposición, cuyo principal objetivo es conseguir la salida del poder del presidente y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, acompañó la espera manteniendo al menos 57 barricadas en todo el país para presionar en la decisión del líder sandinista. Los enfrentamientos tampoco cesan. La pasada madrugada dos personas murieron, entre ellos un niño de doce años, con las que la cifra de fallecidos en las protestas que comenzaron el 18 de abril se eleva ya hasta 135.

Algunos adversarios del sandinismo esperaban mayor contundencia en las peticiones formuladas por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) al Gobierno en su reunión del pasado jueves, pero la oposición, según un editorial del diario 'La Prensa', su principal órgano de difusión, pidió ayer «confiar en los obispos». El texto recuerda que el objetivo es que los Ortega abandonen el poder y faciliten elecciones anticipadas, aunque reconocen que ello dependerá del veterano presidente. A quienes acusan a los obispos de «blandengues» se les explica en el documento que el encuentro no era para «obligarlo a rendirse» sino para determinar si es posible continuar el diálogo nacional suspendido tras la represión violenta de la marcha del Día de la Madre.

La idea es poder pactar una salida constitucional y pacífica que incluya una convocatoria de comicios, a los que no se presentaría el antiguo líder sandinista ante las escasas posibilidades de obtener de nuevo el respaldo de los nicaragüenses. Lo que sí parace innegociable para la oposición es investigar las 135 muertes, un cambio de los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) y la liberación de los centenares de manifestantes detenidos.

«Hay que tener confianza en los obispos. Ellos han dado suficientes muestras de honestidad y fidelidad al pueblo nicaragüense, hasta arriesgando su seguridad y sus vidas. Si fracasa el diálogo nacional y no se encuentra pronto una solución política negociada no será culpa de los prelados sino de la irracional intransigencia de Daniel Ortega que prefiere seguir matando a los nicaragüenses», consideran desde la oposición.

Jesuitas

La Iglesia católica se ha puesto a la cabeza de la defensa de los oprimidos. Los jesuitas, a través de su superior general, padre Arturo Sola, manifestaron su preocupación por la violencia. La Compañía de Jesús consideró que la tarea de mediación del clero católico «ha sido obstaculizada por la dura represión gubernamental» y recuerda que tanto monseñor Silvio Báez como «el padre José Alberto Idiáquez, rector de la Universidad Centro Americana (cuyo campus ha sido ya varias veces foco de violencia y terror), han sido objeto de «una campaña de desprestigio y mentiras» y víctimas de amenazas, incluso contra sus vidas. Igual les ha ocurrido otros líderes populares y manifestantes. La congregación religiosa ha pedido garantías para que los organismos de derechos humanos puedan continuar realizando sus labores de protección de los derechos ciudadanos.

Mientras el sandinismo denuncia ser víctima de un plan para desestabilizar al Gobierno y acusa a grupos violentos de estar detrás de las muertes, la oposición mantiene sus cortes de carreteras y acusa a las turbas, grupos paramilitares y parapoliciales afines al régimen, de toda la violencia.

La última víctima, Abraham Antonio Castro Jarquín, de doce años, murió ayer por las ráfagas de un grupo de desconocidos que le dispararon desde una camioneta cuando participaba en una manifestación en Jinotega, a 160 kilómetros al norte de Managua. Monseñor Carlos Enrique Herrera, al frente de la parroquia de esta población, recorrió las calles por la noche socorriendo heridos. La diócesis de Jinotega publicó en Facebook el mensaje: «Imagen fuerte, pedimos disculpas. Joven fallecido en Jinotega. Sacerdotes lo asisten» junto a una foto del menor asesinado, sin camisa, siendo bendecido por el religioso.

Ante los medios locales, testigos aseguraron que sandinistas y policías comenzaron el ataque. «Esas son balas, son balas las que tiran», dijo Rosario Murillo, una testigo. Añadió que «Nicaragua entera se une en el amor a Cristo para alcanzar la paz y la reconciliación». Pero no parece que el violento escenario callejero sea el mejor para la pacificación.

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