Nicaragua se desangra víctima de la brutal represión de Ortega

Algunos manifestantes se cubren tras varias motos de los disparos de la policía. :: Oswaldo Rivas / reuters/
Algunos manifestantes se cubren tras varias motos de los disparos de la policía. :: Oswaldo Rivas / reuters

Al menos 15 personas mueren al ser atacada una manifestación por las fuerzas de seguridad y afectos al régimen del presidente sandinista

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

Muchos nicaragüenses ya no se conforman con protestar contra las medidas adoptadas por el Gobierno que lideran Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. Los manifestantes quieren ahora su renuncia, sobre todo tras la fuerte represión contra las manifestaciones. La del miércoles, que coincidió con el Día de la Madre en el país centroamericano y fue convocada en honor de las progenitoras de los caídos en abril, se volvió a teñir de sangre. La policía reconoció que murieron 15 personas y 199 resultaron heridas, aunque algunas ONG elevan a 22 la cifra de víctimas mortales en todo Nicaragua. Uno de los fallecidos es Francisco Reyes Zapata, de 34 años, hijo de un policía abatido por un disparo en la cabeza procedente de un AK47, el arma que precisamente utiliza la propia policía. «La bala que mató a mi hermano es de un fusil de las fuerzas de seguridad», aseguró durante el velatorio su hermano Roberto.

En un comunicado, el Gobierno sandinista atribuyó los enfrentamiento a «una conspiración delicuencial» y se desvinculó de cualquier responsabilidad. Según la vicepresidenta y portavoz, «grupos políticos de oposición con agendas políticas específicas», serían los responsables.

Condena de la Iglesia

Ayer, los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) anunciaron la cancelación del dialogo nacional hasta que cese la represión. Los prelados aseguraron que vivieron «con profundo dolor los acontecimientos violentos perpetrados la noche de ayer (miércoles) por grupos armados afines al Gobierno contra la población civil. Condenamos enérgicamente todos estos hechos violentos». El obispo Abelardo Mata tiene claro quien el culpable. «La justicia caerá sobre Daniel Otega», manifestó.

Por su parte, Azalea Solís, miembro de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, una de las formaciones políticas que se sientan en la mesa de diálogo buscando la salida pacífica, condenó la «brutal violencia gubernamental». Agregó que «en las condiciones de represión» de Ortega y Murillo «no se puede dialogar bajo ninguna circunstancia. Fue una masacre, un patrón sangriento más elevado. Ortega abonó ayer su propia salida inmediata. Quedó moralmente incapacitado para gobernar», agregó. En su opinión, el presidente «es un peligro. Él y la señora son criminales, absolutamente. Están dispuestos a ahogar en sangre cualquier protesta pacífica en Nicaragua. No tiene ética, ni moral para continuar gobernando».

El presidente, mientras la gente caía en las calles, aseguraba durante un acto del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que se mantendría firme. «Aquí todos nos quedamos», dijo, además de recordar que el país «no es propiedad de nadie». Tras la violencia del miércoles, el Parlamento Europeo ha reclamado una reforma electoral y comicios creíbles, junto con una investigación internacional e independiente que busque a los responsables de las muertes.

Mientras tanto, ayer más de 1.000 campesinos que participaron en la marcha represaliada permanecían refugiados en la catedral de Managua porque los ataques -aseguran que de paramilitares simpatizantes del orteguismo- se extendieron durante la noche anterior y no tenían posibilidad de retornar a sus ciudades. En Managua y otras capitales de provincia, el amanecer fue desolador. La luz del día dejó ver la crudeza de los saqueos.

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