La negociación en la ONU de un alto el fuego no detiene los bombardeos en Guta

Unos niños observan los restos de un misil. :: B. Khabieh / REUTERS
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Unos niños observan los restos de un misil. :: B. Khabieh / REUTERS

El régimen de Siria ataca por sexto día consecutivo el enclave rebelde de Guta, donde ya se contabilizan 500 muertos y 2.000 heridos

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL

Jerusalén. Mientras en Nueva York se discutía palabra por palabra el contenido del texto de la resolución para el alto el fuego, las bombas cayeron por sexto día consecutivo sobre Guta. Y si algo saben los sirios muy bien después de siete años de guerra es que este tipo de acuerdos que se firman a miles de kilómetros no tienen por qué tener demasiado peso sobre el terreno, como ya ha pasado con anteriores anuncios de treguas temporales que finalmente quedaron solo en palabras. Los últimos focos con presencia opositora en el cinturón rural del Damasco sufrieron una jornada más ataques de aviación y artillería y, según fuentes opositoras, ya son casi 500 los muertos y más de 2.000 los heridos.

El Gobierno de Bashar el-Asad y sus fuerzas aliadas aplican la misma estrategia que emplearon en Alepo hace poco más de un año y bombardean de forma intensa para presionar a los grupos armados allí presentes, entre ellos el brazo sirio de Al-Qaida, y obligarles de esta forma a abandonar la zona y aceptar su traslado a la provincia de Idlib. En medio de esta lucha cerca de 400.000 civiles sobreviven en una situación que se ha convertido en «un infierno», tal y como la definió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Antes de la votación en el Consejo de Seguridad, desde la Unión Europea se hizo un llamamiento a «un alto el fuego inmediato, la protección del pueblo sirio respetando al Derecho Internacional Humanitario y acceso humanitario urgente». El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, escribieron al presidente ruso, Vladímir Putin, para pedirle que respaldara la tregua en Siria, y hasta Turquía tuvo tiempo de dejar por un instante de lado el cantón kurdo de Afrín para pedir a iraníes y rusos, como aliados del Gobierno de Damasco, que le presionaran para detener «unos bombardeos que no se pueden aceptar. Matar a niños y mujeres en Guta Oriental es una actitud típica del régimen», declaró el ministro de Exteriores, Mevlüt Çavusoglu.

Fiel a su aliado

Frente a la presión internacional, Moscú se mantuvo fiel a su aliado sirio y defendió la actual operación en Guta como una fase más de la «guerra contra el terror» que libra el régimen de Bashar el-Asad. «¿Dónde están las garantías de que los grupos armados respetarán esta tregua humanitaria y dónde están las garantías de que no seguirán bombardeando los barrios residenciales de Damasco? Esas garantías no nos las dan», señaló en Moscú el responsable de Exteriores, Serguéi Lavrov, quien defendió «una fórmula que garantice que la tregua sea real y basada en las garantías para todos los que están dentro y fuera de Guta Oriental». Como ocurrió en Alepo, por encima del Consejo de Seguridad, lo que funciona en Siria son las conversaciones sobre el terreno y Rusia, en representación del Gobierno de Damasco, trata de lograr una acuerdo para la salida de los grupos armados.

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