Muere Alfie Evans, el bebé que desató una batalla legal y moral en Reino Unido

Peluches y flores en el jardín del hospital Alder Hey de Liverpool, donde falleció el pequeño Alfie.  :: reuters / afp/
Peluches y flores en el jardín del hospital Alder Hey de Liverpool, donde falleció el pequeño Alfie. :: reuters / afp

El niño, con una dolencia degenerativa irreversible, sobrevivió cinco días sin el soporte vital que los médicos desconectaron en contra de los padres

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

Alfie Evans, el bebé de 23 meses cuyo tratamiento desató una batalla legal y moral en los tribunales británicos, con los padres y médicos en posturas opuestas, falleció la pasada madrugada. «Mi gladiador ha arrojado su escudo y ha ganado sus alas...», escribió su padre en un mensaje en Facebook.

El personal del hospital Alder Hey de Liverpool también ha expresado su «sincera solidaridad» con la familia en un comunicado: «Todos nosotros lo sentimos profundamente por Alfie, Kate [la madre], Tom y toda su familia, y nuestros pensamientos están con ellos. Ha sido una travesía devastadora para ellos».

LA EVOLUCIÓN

Diciembre 2016
Se le ingresa tras sufrir convulsiones, cuando apenas tiene siete meses. Se le conecta a un soporte vital para mantenerlo con vida.
Debate
La batalla legal entre los médicos y los padres dura cuatro meses. El personal sanitario asegura que no hay cura para Alfie. La familia recibe el respaldo del papa Francisco y del Gobierno italiano para que lo puedan trasladar a un hospital de Roma.
El pasado lunes
Se desactivan las máquinas que le ayudan a respirar. El niño sobrevive hasta la madrugada de ayer.

El fallecimiento se produjo hacia las 2:30, cinco días después de que el hospital le retirase la ventilación mecánica del estado de cuidados intensivos y le dejase respirar naturalmente en un régimen de cuidados paliativos. Que Alfie se mantuviese en vida, respirando con aparente normalidad en las primeras horas, fue interpretado como confirmación del acierto de los padres. Pero el estado del bebé empezó a empeorar el jueves.

El bebé llevaba doce meses ingresado, estaba en coma profundo, como consecuencia de un trastorno de posible origen mitocondrial que provocaba una degeneración rápida y catastrófica de su tejido cerebral. A finales del años pasado, los padres, de 21 y 20 años, rechazaron la retirada de los cuidados intensivos que habían propuesto el personal médico. No dudaron en acudir a los tribunales para impedir que el departamento de neurología infantil suspendiese el tratamiento y solicitaron la autorización del transporte de Alfie a un hospital de Roma, administrado por el Vaticano, que se había ofrecido a prolongar su vida.

El papa Francisco pidió en Twitter que se permitiese a los padres cumplir su deseo de buscar nuevos tratamientos. El Gobierno italiano concedió al bebé la nacionalidad del país para facilitar el traslado. El hospital Bambino Gesu prometió correr con los gastos, reconociendo que no tenía curación para el niño.

El llamado 'Ejército de Alfie', formado por simpatizantes de la causa de los padres, se agrupó frente al hospital. Hubo intentos de entrar por la fuerza en el centro sanitario, insultos a médicos, enfermeras y pacientes. Una red de abogados evangelistas abrazó la causa. Se propuso al padre que denunciase a los médicos por «conspiración para el asesinato».

Los jueces británicos han sido unánimes en sus sentencias, interpretando para este caso la ley que les obliga a defender 'el mejor interés' del niño en sintonía con la jurisdicción de Reino Unido. Políticos italianos, estadounidenses, polacos... entraron en el debate, ya fuera para apoyar a los padres o criticar a la Justicia británica. Para confirmar el avance de la enfermedad y calibrar sus criterio, el Tribunal Superior de Inglaterra y Gales solicitó en febrero una nueva ecografía del cerebro de Alfie. Entonces quedó constancia de que había desaparecido el tálamo, los ganglios basales y gran parte de la sustancia blanca formada por fibras nerviosas. Una parte significativa de la corteza cerebral también había sido destruida. Agua y líquido espinal ocupaban el espacio de los órganos desintegrados.

Se ha criticado a los jueces por no aceptar el deseo de los padres, cuando los riesgos del viaje eran iguales a los de la suspensión del tratamiento, una muerte rápida. El Gobierno italiano había destinado en Liverpool un helicóptero-ambulancia como los usados por su Ejército.

En última instancia todo el debate ha girado en torno a la relación entre la degeneración cerebral y los espasmos epilépticos del bebé. No sabían su origen, no sabían si eran una reacción al dolor o si ellos mismos causaban sufrimiento. Los jueces han creído que el mejor interés de Alfie era no prolongar tratamientos sin saber sus consecuencias y con un acuerdo general de que el mal no tenía curación y llevaría a una pronta muerte.

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