Mosul se prepara para una dura posguerra

Los iraquíes celebran en Bagdad la recuperación de Mosul. ::  efe
Los iraquíes celebran en Bagdad la recuperación de Mosul. :: efe

Los ciudadanos se miran en el espejo de otras ciudades recuperadas y saben que echar del poder al Estado Islámico no acaba con la amenaza

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL JERUSALÉN.

Las fuerzas armadas de Irak declararon de forma prematura la victoria sobre el Estado Islámico (EI) en Mosul, pero los combates siguieron adelante en una ciudad vieja devastada en la que resisten los últimos yihadistas atrincherados. El general Sami al-Aridhi, uno de los comandantes de las fuerzas de elite antiterroristas (CTS), aseguró que «no aceptan rendirse. Gritan que no se rendirán y que quieren morir» y añadió que «las operaciones están en su fase final». Un discurso alejado del triunfalismo, los bailes de celebración y los gritos que siguieron al anuncio del domingo. Mosul vivió un día más de disparos y explosiones, de columnas de humo negro emergiendo de su casco antiguo como testigos de una batalla que no termina.

El 'día después' de la verdadera victoria final llena de incertidumbre a unos ciudadanos que se miran en el espejo de sus compatriotas de Tikrit, Faluya o Ramadi, otros tres lugares en los que operaciones militares acabaron con la presencia yihadista, y ven que la 'liberación' no significa el final de la amenaza. Un estudio realizado por el Combating Terrorism Center de EE UU analiza la posguerra en zonas recuperadas y muestra que el EI llevó a cabo más de 1.468 ataques en 16 de las localidades de las que fue expulsado, 11 en Irak y 5 en Siria. El informe, de 20 páginas y publicado el mes pasado, concluye que «expulsar al EI del gobierno de una zona no es suficiente para anular su capacidad de realizar actos violentos» y señala que el reto de la reconstrucción política y económica de las zonas arrasadas por la guerra es mayor aún que las propias ofensivas.

Uno de los lugares más afectados por la violencia es la orilla este de Mosul, capturada en febrero y donde se respira un ambiente de cierta normalidad. Allí el EI ha realizado 130 operaciones. La mayor parte de ataques yihadistas con armas ligeras y lanzacohetes, pero el EI también cuenta con terroristas suicidas, que son los más temidos por los iraquíes.

En primera línea

Los nueves meses de ofensiva en Mosul y la victoria final sobre el EI liderada por las fuerzas iraquíes muestran que «el entrenamiento funciona», declaró a AFP un alto oficial de EE UU que estuvo destinado en Irak de 2015 a 2016

A diferencia de la era de George W. Bush, marcada por las invasiones de Afganistán o Irak, en la que el Ejército de EE UU sufrió más de 4.400 bajas, Barack Obama marcó el despliegue masivo de fuerzas como una línea roja y se dedicó a enviar a asesores y expertos para acompañar en las ofensivas a unidades locales. Trump no ha variado esta estrategia y han sido los iraquíes, con apoyo puntual sobre el terreno y con la cobertura aérea de la coalición que lidera Washington, quienes han estado en primera línea contra el EI. Hasta el momento no ha trascendido el número de bajas sufridas.

La guerra contra el yihadismo ha causado más de 3 millones de desplazados en Irak, de ellos un millón son de Mosul. La destrucción, la falta de servicios y, sobre todo, la falta de seguridad provocan que más de 300.000 vivan desde hace meses en los 19 campos levantados por la ONU. «Es probable que miles de personas sigan desplazadas durante varios meses», adelantó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en un comunicado en el que detalló que «muchos ya no tienen vivienda y los servicios básicos como el agua y la electricidad, así como las escuelas y los hospitales, necesitan ser reconstruidos o reparados».

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