«Morir es más fácil que seguir viviendo»

Liu Xia con una foto de su marido, fallecido en el 2017. :: reuters/
Liu Xia con una foto de su marido, fallecido en el 2017. :: reuters

Liu Xia, viuda del Nobel de la Paz Liu Xiaobo, muestra su desesperación tras ocho años bajo arresto domiciliario en China

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

«Ya no temo a nada. Si no puedo marcharme, moriré en casa. Xiaobo ya se ha ido, así que no hay nada en este mundo para mí. Morir es más fácil que seguir viviendo. No hay nada más sencillo para mí que protestar muriendo». Con estas palabras, Liu Xia, viuda del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, mostró su desesperación durante una conversación telefónica que mantuvo con el escritor chino exiliado en Alemania Liao Yiwu.

A pesar de que no ha cometido delito alguno, la poeta lleva ocho años bajo arresto domiciliario en diferentes localidades de China, y las autoridades comunistas apenas le permiten contactar con el exterior. «No tengo nada con lo que comunicarme, no tengo un móvil o un ordenador», dice Liu en los siete minutos de conversación que Liao publicó ayer para propiciar que el mundo tome conciencia de la tortura psicológica a la que está sometida.

«Estoy tan jodidamente enfadada que ya estoy dispuesta a morir aquí. Si fallezco, ya habrá acabado todo», dice en un momento de la grabación, en la que Liu habla con voz entrecortada e incapaz de contener sus sollozos durante varios minutos. Es, sin duda, una situación injusta e intolerable para una mujer que, como manifiesta Liao en una carta, «no tiene antecedentes criminales, no ha sido nunca acusada de nada, y, según el Gobierno chino, tiene libertad para viajar adonde quiera».

Es evidente que eso último no es cierto. De hecho, Liao explicó ayer cómo Alemania tenía previsto ya un plan para sacarla de China, llevarla a Europa, y ofrecerle allí tanto sustento como tratamiento para la depresión crónica en la que está sumida. «A principios de abril, el ministro de Asuntos Exteriores alemán ya había llevado a cabo las gestiones pertinentes. No iban a alertar a la prensa, recogerían en secreto a Liu Xia en el aeropuerto, y prepararían todo para su tratamiento y recuperación», contó Liao. Sin embargo, por razones desconocidas, el plan nunca se llevó a la práctica.

Y eso que, aparentemente, el embajador alemán en China telefoneó a Liu para decirle que pronto jugarían a bádminton en Berlín. «Después de la llamada del embajador alemán, no perdí el tiempo y empecé a empaquetarlo todo. ¿Qué más puedo hacer?», dice Liu en la grabación. La semana pasada Alemania y Estados Unidos volvieron a exigir a China que deje en libertad a la artista, pero el régimen no cede.

Tampoco cedió China a la presión internacional que multitud de países ejercieron cuando se hizo público el cáncer terminal que terminó segando la vida de su marido, que murió en julio del año pasado en el hospital en el que lo mantenían vigilado. Aunque lo pidió expresamente, los dirigentes chinos prohibieron a Liu viajar al extranjero para tratar de salvar su vida 'in extremis', pero sí le permitieron morir en presencia de su esposa. Ayer, una fuente del Gobierno alemán se limitó a declarar que Berlín ha discutido el caso con Pekín, y aseguró que lo seguirá haciendo.

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