Al Miami river le salieron muchos afluentes tras el paso del huracán

LUIS SÁEZ

logroño. La ciudad de Miami trata de encauzar la vuelta a la normalidad tras el huracán. Por fortuna, el azote del Irma no tuvo la alta intensidad inicialmente anunciada, pero su poder devastador se desplegó con un diámetro de 500 millas (800 kilómetros) y afectó a toda Florida.

Seis millones de habitantes permanecían ayer sin luz, aproximadamente uno de cada cinco habitantes del estado. «Pero el norteamericano es muy luchador y ya trabaja denodadamente para sacar adelante sus negocios», nos relata Fernando Samaniego, español propietario de los apartamentos Miami Apartment Rentals y testigo en los últimos días de los acontecimientos.

«En la zona de Brikell en la que me encuentro se hallan la mayor parte de los hospitales y bancos de la ciudad, y no nos ha faltado la luz eléctrica», relata Fernando.

El espectáculo a consecuencia del paso del huracán ha sido, no obstante, espeluznante: «Al Miami river le salieron muchos afluentes ya que todas las calles que confluyen se convirtieron en grandes avenidas de agua. Numerosos árboles permanecen caídos, las palmeras se han quedado calvas, muchos carteles están en el suelo y las barandillas tienen los cristales rotos», añadía anoche en conversación con este diario.

Fernando Samaniego afirma que la sensación del día después permanece porque los semáforos no funcionan y el transporte público tampoco, hechos que dificultan la actividad laboral en una ciudad muy extendida como Miami.

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