México revive el horror del cataclismo

México revive el horror del cataclismo

La tierra volvió a temblar el martes como hace 32 años y causó más de 200 muertos, la mayoría en la capital

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

El mismo día. Casi a la misma hora que un terremoto destruyó el centro de la capital mexicana y mató a 10.000 personas 32 años atrás, otro gran temblor sacudió el martes los Estados del centro de México. Los habitantes de más edad revivieron el horror de entonces. Los más jóvenes llevan el terror en el rostro por la fuerza del implacable, imprevisible y devastador movimiento telúrico de magnitud 7,2 en la escala Richter. Solo la lección aprendida en 1985, traducida en una cultura de prevención, impidió una tragedia mayor. Datos preliminares confirman 225 personas muertas, entre ellas 30 niños, y decenas heridas mientras los equipos de rescate trabajan sin descanso día y noche. Junto al dolor y la consternación brotó también la solidaridad ciudadana que reaccionó antes que las autoridades, prácticamente rebasadas.

Adrián Romero vivió el seísmo de hace 32 años. El martes estaba en la barbería cuando volvió a sentir el temblor. «Este se sintió casi igual». Los empleados le pidieron que saliera, pero se quedó dentro. «De todos modos hacia donde me fuera hubiera pasado lo mismo, porque afuera había un edificio que se podía caer», mientras recorriera caminando los cinco kilómetros que lo separaban de su casa y angustiado por saber de su familia.

El Distrito Federal, la capital de la nación azteca, fue el área más castigado. Con los cascotes de escaleras y techos cayendo sobre las cabezas, aplastando coches, mesas moviéndose de lado a lado, la gente salió de los edificios a la calle. Y pronto comenzaron a moverse para socorrer en los derrumbes.

LA CLAVE La población se adelantó a los rescatistas para socorrer a las personas atrapadas entre escombros

No todos lo lograron. Al pasar las horas aumentaban los derrumbes de edificios. Hubo 44 en el DF. De entre los escombros salían gritos. Se pedía silencio para escuchar mejor cualquier ruido. Pero se mezclaban las sirenas de los bomberos, de ambulancias, policías y cuerpos de protección civil. Llegaron también mensajes de texto de los móviles de personas atrapadas. En colonias (barrios) muy conocidas como Cuauhtémoc, con gran cantidad de oficinas y comercios; la Condesa, zona de ocio y copas; y en otras habían muerto 94 personas, la mayoría aplastadas bajo toneladas de cemento y hierros. Algunos se preguntaban por qué habían caído edificios modernos, edificados supuestamente con medidas antisísmicas, y otros más antiguos resistieron.

El suelo trepidó también en estados próximos como Morelos, 61 muertos; Puebla, 43; el Estado de México, 12; y Guerrero, 4. El sismo abrió una grieta enorme en Puebla por la que salió una fumarola del cercano volcán -activo- Popocatépetl. En Oaxaca, otra grieta pasó debajo de una vivienda de madera que milagrosamente quedó en pie.

Apoyo internacional

La reacción internacional de apoyo ha sido inmediata. El Ejército israelí -en México hay una gran colonia judía- y 'topos' chilenos viajan para ayudar en las labores de rescate a los militares mexicanos -el Ministerio de Defensa desplegó a 3.428 uniformados y 15 agentes con perros, y a los 'topos' locales, equipo de rescatadores creado en 1985, que el martes llegaban de Oaxaca, donde trabajaron en el desescombro y búsqueda de supervivientes tras el terremoto de magnitud 8,2 del pasado día 7, que dejó 90 muertos.

El del martes se sintió más intenso porque el epicentro estuvo más cerca. Fue en Axochiapan, Morelos, localidad limítrofe con el Estado de Puebla.

Los militares mexicanos se iban sumando a las tareas y ya para la noche de ayer, empezaron a verse cascos de protección y más herramientas. Sin embargo, desde el primer momento, y mucho antes de la llegada de los cuerpos de rescate profesionales, la solidaridad ciudadana entró en acción. Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, sabiendo que el tiempo jugaba en contra de quienes estuvieran atrapados entre los escombros, educados por los simulacros que sistemáticamente se realizan -el último apenas dos horas antes de que a las 13.15, las 20.15 en España, cimbrara la tierra en cientos de kilómetros a la redonda- se organizaron para ir retirando piedra a piedra los escombros a los que quedaron reducidas algunas viviendas.

El polvo se elevaba como un hongo atómico hacia el cielo. La actividad era febril. El constante movimiento de gente sobre los restos, tratando de ir liberando peso, se asemejaba a una colmena de hormigas, trabajando sin parar.

Esa rápida intervención de ciudadanos consiguió rescatar a muchas personas de una muerte segura. Cada extracción con vida se saludaba con aplausos. Los expertos afirman que solo se puede resistir 72 horas, aunque hay casos que aparecen hasta una semana después.

El presidente, Enrique Peña Nieto, ordenó abrir los hospitales públicos a todo el mundo. Los privados también atendieron sin pedir la tarjeta de crédito. Las escuelas se convirtieron en albergues. La gente abría sus casas a quienes se quedaron sin techo en menos de un minuto.

Las redes sociales fueron esenciales para la localización de amigos y familiares y también para ofrecer refugio. Con la Policía centrada en la emergencia, los amigos de lo ajeno aprovecharon el caos para asaltar comercios y a personas, como poco con cuchillo en mano, en Santa Fe y Polanco, donde se encuentra la Embajada de España.

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