Merkel toma las riendas de su cuarta legislatura

Las investiduras en noviembre de 2005, octubre de 2009 y diciembre de 2013. :: reuters/
Las investiduras en noviembre de 2005, octubre de 2009 y diciembre de 2013. :: reuters

El Bundestag respalda a la canciller en una votación más ajustada de lo que se preveía y seguida por el silencio

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Ni muestras de júbilo, ni aplausos. Un inesperado e incómodo silencio sepulcral que duró varios segundos siguió al anuncio de la reelección de Angela Merkel como canciller alemana por parte del presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, hasta hace unos meses ministro de Finanzas. De los 692 votos emitidos por los diputados del Parlamento federal, apenas 364 fueron para Merkel, 35 menos de los 399 que suman los partidos de la gran coalición y tan solo nueve por encima de la mayoría absoluta.

Ni la oposición esperaba que el resultado fuera tan ajustado y la Cámara tardó en reaccionar antes de felicitar a la líder de los conservadores alemanes, los cristianodemócratas y los socialcristianos bávaros (CDU/CSU). Aunque el voto es secreto, para los analistas está claro que no solo algunos diputados socialdemócratas (SPD), los socios menores de la gran coalición, negaron su apoyo a Merkel, sino también parlamentarios de sus propias filas.

El presidente de la CSU y ministro del Interior, Horst Seehofer, negó una disidencia interna, pero lo confirmó en parte al decir que «alguno puede estar insatisfecho al no haber sido nombrado secretario de Estado y otro igual está molesto con el cambio energético». La recién elegida secretaria general de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, habló de «un arranque fluido» de la legislatura, aunque preguntada por el ajustado resultado de la votación se le escapó un «cuando se llevan ya doce años gobernando...». Como si quisiera justificar que alguno puede estar harto de aguantar a Merkel, que encadena ya su cuarto mandato, una marca que solo han rebasado los también cristianodemócratas Konrad Adenauer, primer canciller de la posguerra, y Helmut Kohl, padre de la reunificación nacional y padrino político de su sucesora.

La disidencia en las propias filas, en cualquier caso, es habitual en las elecciones del jefe del Gobierno germano por parte de la Cámara baja. A Merkel le negaron el voto en 2005 en su primera legislatura 51 diputados de la gran coalición, en la segunda, iniciada en 2009 y que gobernó con los liberales (FDP), fueron nueve y en la tercera en 2013, también de gran coalición, sumaron 42.

A Merkel no pareció importarle y se la veía satisfecha. Quizás porque por primera vez su familia más cercana acudió al completo a la tribuna de visitantes. Estuvieron, entre otros, su madre, Herlind Kasner, y su marido, el científico Joachim Sauer, que nunca hasta ayer había ido al Parlamento a ver a su esposa jurar el cargo, priorizando siempre su labor investigadora. Y tras el breve susto al conocerse el resultado de la votación, la rutina política acabó borrando ese momento. Los diputados se pusieron en pie, aplaudieron a la elegida, le entregaron ramos de flores y hubo felicitaciones personales y apretones de manos.

Reunión con los ministros

Hasta el propio Martin Schulz, el dimitido presidente del SPD y fracasado rival electoral, acudió a dar la enhorabuena a la líder conservadora. Luego fue todo mecánico y rutinario. Merkel se desplazó al palacio de Bellevue a recibir el diploma con su nombramiento de manos del presidente federal, Frank Walter Steinmeier, y regresó al hemiciclo para jurar el cargo. Seguidamente hicieron lo mismo los quince miembros de su gabinete, que a media tarde celebraron ya con la canciller su primer Consejo de Ministros.

Merkel hizo tras su elección un llamamiento al consenso y la unidad en la UE en una entrevista con la primera cadena alemana ARD. Y mientras habló vagamente de «capacidad de futuro» o «reparto sin nuevo endeudamiento» al citar los primeros objetivos de su gabinete, fue precisa al referirse a la ultraderecha de la Alternativa para Alemania (AfD). «Nuestra meta es resolver los problemas de las personas que han votado a ese partido por protesta», dijo la canciller al asegurar que trabajará para «expulsarlos del Bundestag».

La canciller se mostró igualmente partidaria de la deportación consecuente de los peticionarios de asilo que sean rechazados y afirmó que «se trata de imponer la ley y el orden en Alemania». No quiso revelar si esta será su última legislatura y ante las insistencias señaló: «Ya me conocen. Solo doy respuestas cuando lo considero necesario».

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