Macron se suelta de la mano de Trump

Un visitante cariñoso. Macron lanza besos desde el estrado del Congreso mientras es aplaudido. :: M. N. / afp/
Un visitante cariñoso. Macron lanza besos desde el estrado del Congreso mientras es aplaudido. :: M. N. / afp

El líder galo aboga por ser el intermediario europeo de la Casa Blanca, pero advierte de que el pacto nuclear con Irán debe respetarse El presidente francés hace equilibrios para rebatir ante el Capitolio las políticas de su anfitrión

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

No hay duda de que en la era Trump el arte de la seducción se escribe en francés. Los saudíes recurrieron al lujo para conquistarle. El filipino Rodrigo Duterte le impresionó con su mano dura. El egipcio Abdelfatah, con la adulación. Y el turco Recep Tayyip Erdogan, con el dinero y la autoridad. Solo uno, Emmanuel Macron, se cree suficientemente seguro de su carisma como para rebatir ante el Congreso de EE UU las políticas de Donald Trump, más conocido por demandar lealtad que por buscar la pluralidad. El tiempo dirá si Macron puede mantener este difícil equilibrio.

Hacía dos años que un líder extranjero no hablaba ante el pleno del Capitolio, donde el líder galo aprovechó la oportunidad para defender el honor de sus ideas y el carácter multilateralista de su Gobierno. Macron quiere convertirse en el intermediario europeo de un mandatario temperamental e impulsivo que defiende el 'America First' sin tener en cuenta el honor de los pactos adquiridos o los intereses de sus aliados.

Ayer dejó claro que a pesar del romance aparente las diferencias son profundas, «como ocurre en todas las familias», quiso descargar. En su opinión, uno tiene que cumplir con «las reglas que escribimos nosotros mismos» para renegociar los tratados comerciales dentro del marco de la Organización Mundial del Comercio y «abandonar el espejismo de los nacionalismos».

Las cámaras no pudieron recoger la reacción de Trump, que por mucho menos se deshizo de su asesor económico Gary Cohn. «Eres un globalista», le dijo desencantado, días antes de forzar su dimisión. Ahora se rodea de proteccionistas como Peter Navarro y belicistas como John Bolton, que tienen su oído todo el año.

En su habilidoso ejercicio de diplomacia, Macron ha aceptado las promesas trumpianas de modificar el mundo imperfecto de los déficits comerciales y los regímenes que financian grupos terroristas, siempre que las recetas partan de la cooperación internacional. El beso de guerra fue el ataque conjunto a Siria, que ayer consideró «una fuerte prueba de multilateralismo». Con ella demostró que puede manejar al septuagenario presidente como si fuera su padre. A Macron se le da crédito por haber seducido a su maestra de secundaria y a muchos hombres de edad como el que le ha agasajado en la Casa Blanca con su primera cena de Estado

Besos, abrazos y caspa

Durante los dos días el presidente galo se ha dejado besar, abrazar y hasta limpiar la caspa. Trump también hizo concesiones. Por una noche renunció a su pastel de chocolate y cambió el chuletón de corte neoyorquino por costillas de cordero. Melania se vistió de Chanel, invitó al cofundador de Apple Tim Cook y se aseguró de que en la lista no había ningún periodista de esos que irritan a su marido, un detalle que también repasó el presidente galo en la era de las 'fake news, porque «sin la verdad no hay democracia».

Retó a los legisladores a no replicar «los errores del pasado» en Oriente Próximo y advirtió de que su país no abandonaría los acuerdos de desnuclearización firmados con Irán mientras no hay algo mejor sobre la mesa. «Lo firmamos a iniciativa de Estados Unidos», recordó. Y aunque Trump ya le dijera el año pasado que él no fue elegido para representar a los votantes de París sino a los de Pittsburgh, el galo tampoco cree que haya recambio para los acuerdos contra el cambio climático de París, como «no hay Planeta B».

Su influencia, cuidadosamente tejida, se simboliza en ese árbol que juntos han plantado en los jardines de la Casa Blanca. No será la Estatua de la Libertad que su país le regaló a los norteamericanos en 1886, pero deberá crecer con el tiempo y dar sombra al mundo si quiere consolidar su papel de interlocutor con EE UU y seguir defendiendo la libertad.

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