Macron incluirá a Córcega en la Constitución

El presidente Emmanuel Macron visitó ayer una plantación de naranjos en un centro de investigación agraria de Córcega. :: Raphel Poletti / efe/
El presidente Emmanuel Macron visitó ayer una plantación de naranjos en un centro de investigación agraria de Córcega. :: Raphel Poletti / efe

El presidente francés cierra la puerta a las demás reivindicaciones de la coalición soberanista que gobierna la isla mediterránea

FERNANDO ITURRIBARRÍA

parís. Emmanuel Macron se mostró ayer dispuesto a recoger la singularidad de Córcega en la Constitución francesa, una de las principales reivindicaciones de la coalición soberanista que gobierna la isla, pero se opuso a otras exigencias de los nacionalistas como la cooficialidad de la lengua corsa o la creación de un estatus de residente que otorgue prioridad a los insulares en el acceso a la propiedad y la vivienda. «Córcega está en el corazón de la República y debe construir su futuro en el seno de la República», proclamó en un discurso pronunciado en Bastia que no fue aplaudido por los decepcionados gobernantes locales.

En el segundo y último día de su primera visita oficial a Córcega, el presidente francés solo se mostró receptivo al más simbólico de los puntos programáticos del poder soberanista insular que consiste en mencionar de forma explícita en la Constitución la peculiaridad del territorio. Esta única concesión a la plataforma reivindicativa nacionalista será debatida durante los próximos meses en el marco de la discusión prevista en primavera del proyecto de revisión constitucional sobre la reforma general de las instituciones francesas.

A su juicio, citar a Córcega en la Carta Magna sería «una manera de reconocer su identidad y de arraigarla en la República». Pero puntualizó que «no es un paso que precederá a otros varios», una precisión destinada a cerrar la vía a las ambiciones de mayor autonomía por parte de los nacionalistas. Macron dijo que el idioma corso debe ser preservado y que no hay ninguna otra lengua tan apoyada por el Estado francés. Pero objetó que el bilingüismo, expresión de una identidad cultural, no es la cooficialidad idiomática. «En la República francesa hay una lengua oficial que es el francés», sentenció. «Jamás podré aceptar que se reserve un puesto de trabajo a quien hable corso», advirtió no sin admitir que «se pueda hacer que figure como competencia en una oferta de empleo ser hablante de esa lengua».

«Ocasión perdida»

También dio portazo a la idea de reservar la adquisición de bienes inmobiliarios a quienes vivan en Córcega desde hace más de cinco años. Desde su punto de vista, «el estatus de residente no es la buena respuesta» al problema de la especulación inmobiliaria, aparte de ser «contrario a nuestra Constitución y al derecho europeo». Partidario de favorecer la construcción de viviendas y de simplificar las reglas de urbanismo, apuntó con cierta perfidia que «cuando los precios suben y se venden terrenos, raramente no son corsos quienes se aprovechan».

En materia fiscal, se declaró abierto a la creación de tasas específicas y locales pero avisó que habría en paralelo una reducción de las aportaciones presupuestarias por parte del Estado central. «¿Cómo desear una autonomía fiscal y al mismo tiempo pedir aún más a la solidaridad nacional?», se preguntó de manera retórica. «No conozco finanzas mágicas», apostilló antes de plantear que no se puede pretender que los impuestos recaudados en Córcega se queden en la isla «y no hacer lo mismo en las demás regiones, especialmente las más ricas, que actualmente participan en la solidaridad nacional».

El presidente del Ejecutivo de Córcega, el autonomista Gilles Simeoni, valoró que el discurso había sido «una ocasión perdida» aunque aseguró que los nacionalistas iban a mantener «un espíritu de diálogo» y ser «artesanos de la paz». Su homólogo de la Asamblea insular, el independentista Jean-Guy Talamoni, opinó «consternado» que era «un día triste para Córcega».

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