Macron aviva la llama del europeísmo

Emmanuel Macron sonríe tras su discurso ante el Parlamento Europeo, ayer en Estrasburgo. :: F. Florin / AFP/
Emmanuel Macron sonríe tras su discurso ante el Parlamento Europeo, ayer en Estrasburgo. :: F. Florin / AFP

El presidente francés reclama ante la eurocámara «una soberanía europea frente a los egoísmos nacionales»

ADOLFO LORENTE

bruselas. Su llegada devolvió la sonrisa a una deprimida Europa. Con él, todo cambió. Las dinámicas, el estado de ánimo, el saberse de nuevo invencibles. Se llama Emmanuel Macron, con sólo 40 años lleva ya un año al frente de la República de Francia y ayer, de nuevo, se reivindicó como el yerno perfecto de Europa en su esperado y vibrante discurso ante el plenario del Parlamento Europeo, reunido en Estrasburgo. Su prosa encandila. Si se trata de hablar, Macron es el caballo ganador. El problema, sin embargo, es que en la UE que tanto aspira a cambiar no se llevan los rítmicos adjetivos de acento francés, sino los secos sustantivos y el imperativo alemán. Pese a todo, hay partido, porque si alguien puede moldear el estricto funcionamiento del club es el fenómeno Macron.

«No quiero pertenecer a una generación de sonámbulos, que olvide su pasado o los tormentos de su presente. Quiero pertenecer a una generación que decida defender firmemente su democracia. Quiero pertenecer a una generación que defienda la soberanía europea», zanjó. Se trata de actuar, no de esperar frente al auge del «autoritarismo» y las democracias «iliberales». «Reaparece una especie de guerra civil europea donde nuestras diferencias y egoísmos nacionales parecen más importantes que lo que nos une frente al resto del mundo», advirtió.

Ya han pasado por la Eurocámara el primer ministro irlandés, el croata o el portugués en la ronda de jefes de Estado y de Gobierno organizada por la institución para hablar de algo tan simple y tan complejo como Europa. Sin embargo, su eco fue nulo en comparación con la enorme expectación generada ayer. Y no sólo mediática. Los móviles de los eurodiputados y funcionarios comunitarios echaban humo. Llegaba Macron, larga vida a Macron.

Se hizo esperar. Su intervención estaba prevista a las diez de la mañana, pero su discurso no comenzó hasta las 10:25 horas. Entró entre aplausos, 'levitando', con la mayoría de sus señorías en pie. Los euroescépticos, eurófobos y demás 'anti' decidieron observar y ver pasar al presidente que se convirtió en su peor enemigo cuando mejor lo tenían para acabar con Europa en 2017. Así se lo recordaron en el turno de preguntas. Macron es su peor criptonita. Va de frente, como evidencia el hecho de prestarse a debatir durante tres horas y escuchar las preguntas de más de medio centenar de eurodiputados.

Defensa del ataque a Siria

Hace un año, Macron era el héroe por salvar la UE de las garras de Le Pen. Hoy, las grandes familias europeas le ven también como un enemigo que hace peligrar el tradicional equilibrio de fuerzas entre conservadores y socialdemócratas, que llevan tiempo pensando en las elecciones europeas de mayo de 2019. Su partido, En Marcha, no está adscrito a ninguna familia y puede hacer un auténtico roto a los socialistas, sobre todo, y los liberales si al final no consiguen que se sume a su proyecto. «Para impulsar la UE no basta con pasear por alfombras rojas con el himno de la alegría de fondo», le advirtió el nuevo jefe de filas de los socialdemócratas, el alemán Udo Bullmann.

Tras defender con vehemencia la «legítima» intervención militar en Siria en nombre del «honor de la comunidad internacional», habló de la Europa que anhela. De un proyecto, dijo, que debería pivotar sobre el eje francoalemán, que no tiene que tener miedo a avanzar a varias velocidades, que debe tener un mayor presupuesto europeo, una nueva política migratoria, una mayor integración del euro... Nada nuevo.

Porque ayer, no se trataba de concretar las reformas ya propuestas en su discurso de la Sorbona, sino de arengar a la tropa, recordar a los europeos que deben quererse un poquito más. «Debemos luchar por nuestros ideales. La respuesta es la autoridad de la democracia, no el autoritarismo democrático. Este Parlamento es un milagro, un tesoro único en el planeta. No nos conformemos», recalcó antes de arremeter contra los populismos y «el callejón salida de los nacionalismos».

El corolario lo firmó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que intervino justo después. «La verdadera Francia está de vuelta», zanjó satisfecho.

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