Lula, acosado por la justicia y arropado por sus seguidores

Lula da Silva durante un encuentro con trabajadores del metal celebrado la pasada semana en Sao Paulo. :: Miguel SCHINCARIOL / afp
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Lula da Silva durante un encuentro con trabajadores del metal celebrado la pasada semana en Sao Paulo. :: Miguel SCHINCARIOL / afp

El expresidente, favorito en los comicios de 2018, puede ser despojado de sus bienes si se confirma la sentencia de nueve años de cárcel

MARCELA VALENTE BUENOS AIRES.

Favorito para ganar las presidenciales de 2018 y sacar a Brasil de la depresión económica, el exmandatario Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) sufre un intenso acoso judicial, que ahora amenaza con despojarlo de sus bienes. Condenado en primera instancia a nueve años y medio de prisión por corrupción, el líder fundador del Partido de los Trabajadores (PT) asegura que tiene «la obsesión de volver para probar que es posible recuperar este país». En su opinión, «los pobres son los que mueven la economía». De hecho, durante su gobierno cuarenta millones de personas ascendieron de la pobreza a la clase media.

No obstante, para recuperar la inédita popularidad con la que se despidió de la cúspide del poder -87% de aprobación-, Lula deberá sortear una gran cantidad de obstáculos judiciales. Tiene cinco denuncias en su contra. En una ya ha sido condenado en primera instancia. Pero hay otras. Todas por corrupción y blanqueo de dinero.

Su principal rival en esta carrera es el juez Sergio Moro, emblema de la megainvestigación por corrupción conocida como 'Lava Jato'. Fue él quien ordenó su traslado coercitivo a declarar en marzo de 2016 y el que grabó y filtró a la prensa un diálogo telefónico de Lula con la entonces presidenta Dilma Rousseff en vísperas de su frustrado nombramiento como jefe de la Casa Civil.

LAS CLAVES El juez Moro estima que fue beneficiario de un acuerdo con Petrobras a cambio de un tríplex El popular exmandatario debe enfrentarse a otros cinco procesos por blanqueo de capitales

El magistrado fundamentó su sentencia en la polémica delación de un empresario de la firma OAS, supuesta beneficiaria del presunto acuerdo por el cual el expresidente habría propiciado contratos de la firma con Petrobras a cambio de un tríplex para él y su familia en Guarujá, un balneario de Sao Paulo. Lula asegura que no es dueño de esa propiedad y que nunca la usó.

Esta semana, tras la controvertida condena -que abunda en indicios y carece de pruebas materiales- Moro le ha embargado sus bienes. En previsión de una confirmación de la pena en segunda instancia, el juez bloqueó cuatro cuentas corrientes de Lula, su pensión, su casa y dos apartamentos en Sao Paulo, dos vehículos y sus acciones en un fondo de inversión. El embargo no alcanzó a cubrir la multa con todo su patrimonio. El bloqueo llega incluso al tríplex que no está a nombre del expresidente.

Sus abogados consideran que esta nueva acción judicial dictada cuando aún no hay sentencia firme es «ilegal y abusiva». «Perjudica su subsistencia y la de su familia», dijeron. Pero para el líder izquierdista, la defensa más cerrada es la que consigue en las calles. Por eso, la noche del jueves se realizó en Sao Paulo, un acto de apoyo al que asistieron militantes del PT, sindicalistas, estudiantes y movimientos sociales.

Allí, Lula criticó la reforma laboral aprobada este mes -que según la oposición conculca derechos de los trabajadores- y el proyecto de reforma de previsiones. «Lo que incomoda a algunos de ellos es saber que los de abajo pueden subir un escalón en la escala social», dijo. También advirtió de que como sus adversarios no pueden ganarle en la arena política quieren hacerlo mediante procesos judiciales. «Fueron a Suiza para encontrar a Lula y encontraron a Aecio, fueron a Finlandia buscando a Lula y encontraron a Serra», declaró aludiendo a las causas judiciales que pesan sobre el excandidato presidencial del PSDB, Aecio Neves, y el excanciller José Serra, de ese mismo partido, aliado hoy del Gobierno de Michel Temer.

Después de la primera condena -cuyo impacto en las encuestas todavía no se conoce-, Lula aseguró que se mantendrá en la carrera hacia la presidencia. No obstante, si el Tribunal Regional Federal de Porto Alegre confirma la resolución de Moro, el exmandatario quedará inhabilitado, pues la ley prohibe que una persona con condena confirmada sea candidato a un cargo público.

Pero Lula no se amedrenta. Prometió que seguirá enfrentando los cargos. La próxima cita con Moro será el 13 de septiembre para que declare en una causa en la que se investiga si participó de una negociación con la constructora Odebrecht para conseguir un terreno en el que se construyó el Instituto Lula. Un gerente de Odebrecht dice que sí y el dueño de la empresa lo niega.

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